#Bochica
Ay, los discursos. Siempre me ha fascinado la capacidad de ciertas personas para transmitir mensajes en forma de monólogo, en forma de discurso. Y más aún, cuándo ese discurso tiene la capacidad de “mover” personas, generar cambios o simplemente impactarme, poner la piel de gallina.
Ay, los discursos. Siempre me ha fascinado la capacidad de ciertas personas para transmitir mensajes en forma de monólogo, en forma de discurso. Y más aún, cuándo ese discurso tiene la capacidad de “mover” personas, generar cambios o simplemente impactarme, poner la piel de gallina.
Como ya es usual en “mis escritos”, empiezo por sacar del paso algunas cosas jartas o consideraciones. En este caso se trata de los “escritores” o “redactores” fantasma, esas personas que desde las sombras construyen los discursos y los que aparecen en las cámaras son intérpretes de esas palabras. De bastante uso en la política, sobre todo hoy en día donde cada palabra es juzgada y medida desde múltiples frentes, pero de lejos no es la única “industria” que los utiliza.
Esta aclaración la hago para establecer que cuando digo “buen discurso” hago referencia tanto al intérprete como al redactor, sean ambos la misma persona o no. Estén presentes ambos o no, sea una carta, un discurso, una improvisación. Es decir, para mí son igualmente valiosos ambas características: las palabras y la interpretación.
En el caso de la política existen varios ejemplos que ameritaría blogs enteros de análisis. De hecho, seguramente los hay. De aquellos que podemos tener algún audio o video “remasterizado” y que me “mueven” están:
Winston Churchill “… we shall fight on the beaches… we shall never surrender…”. Solo con escribir esas palabras se me aguó el ojo. Discurso ante la Cámara de Los Comunes el 4 de junio de 1940, en medio de uno de los momentos más oscuros de nuestra especie.
Julius Robert Oppenheimer “…Now I am become Death, the destroyer of worlds…” Si ya no me vayan a regañar, discurso no es. Cita del Bhagavad Gita para referirse a la primera detonación de la bomba atómica en Japón.
Martin Luther King, Jr. “…I have a dream that one day on the red hills of Georgia… I have a dream today…”. 28 de agosto de 1963. Un mensaje poderoso de esperanza en un contexto de tensiones sociales, como le hace falta hoy en día a Estados Unidos un titán de este calado.
Aunque no voy a repetir sus palabras, no puedo desconocer o al menos entender porque resultaron tan cautivadores los discursos de, quizás, el humano más despreciable en la historia reciente. Adolf Hitler. En cualquier documental sobre la Segunda Guerra Mundial se puede ver el lenguaje corporal de esta persona, el carisma, la astucia en la selección de palabras, en fin… muchas características ideales para un orador, pero lamentablemente en poder de un ser nefasto.
Pasando a algo más suave, las películas también nos han dejado buenos discursos. Y sobre todo en aquellos contextos que no corresponden a nuestra realidad. Para la muestra un botón:
Idris Elba “… Today we are cancelling the apocalypse” Titanes del Pacífico, película que es el sueño de todo adulto niño e inmaduro, robots gigantes peleando contra monstruos gigantes.
Al Pacino “…God likes to watch. He’s a prankster. Think about it…” Abogado del Diablo, excelente película por si no la han visto.
En el caso del mundo científico cómo no mencionar al mejor de todos los discursos de nuestra especie, y le peleó al que diga lo contrario… jajaja
Carl Sagan “...that’s here, that’s home, that's us… our imagined self-importance, the delusion that we have some privileged position in the Universe, are challenged by this point of pale light…” Pale blue dot.
Y por supuesto estoy dejando por fuera mil ejemplos más, ya que quiero dejar las últimas líneas… aunque esta columna es más extensa de lo habitual… para un discurso de alguien que quizás no muchos conozcan.
Siglo 16, año 1511. Constantinopla, hoy en día Estambul - Turquía. Carta firmada por Ezio Auditore da Firenze.
(Traducción libre y corresponde a mi mejor esfuerzo)
“Claudia,
Mi querida hermana. Estoy en Acrea hace una semana, a salvo y con buen espíritu.
Las personas que me han ofrecido comida y refugio aquí me han advertido que el camino a Masyaf está plagado por mercenarios y bandidos extranjeros. ¿Qué significa esto? No me atrevo a especular.
Cuando partí de Roma 10 meses atrás, lo hice con un solo propósito. Descubrir lo que nuestro padre no pudo. En una carta un año antes de mi nacimiento, él menciona una librería oculta debajo del Castillo de Masyaf. Santuario de invaluable sabiduría.
Entonces, ¿qué encontraré cuando llegue?, ¿quién me dará la bienvenida? ¿Un batallón de Templarios, cómo más temo? ¿O nada más el sonido del frio viento solitario?
Hace casi 300 años que Masyaf no es la casa de los Asesinos. ¿Todavía la podemos reclamar como nuestra? ¿Seremos bienvenidos?
Estoy fastidiado de esta pelea. No porque esté cansado, sino porque nuestra lucha parece dirigirse en una sola dirección. Hacia el caos.
Hoy tengo más preguntas que respuestas. Por eso es por lo que he venido tan lejos. Para encontrar la sabiduría dejada por el gran Altaïr y así entender mejor el propósito de nuestra guerra. Y mi lugar en ella.
Claudia, cualquier cosa que me pase, si mis habilidades me fallan, o mi ambición me conduzca hacia el camino equivocado, no busques venganza en mi memoria. Más bien, pelea para continuar la búsqueda de la verdad para que todos se beneficien.
Mi historia es solo una de miles, y el mundo no sufrirá si termina demasiado pronto.”
Sea cual sea cual sea el caso, la habilidad de transmitir un mensaje me parece algo fascinante. Entender y experimentar el poder de la palabra, cómo cautiva, cómo convence, cómo ataca los sentidos es algo sobre lo que vale la pena filosofar.
Esta aclaración la hago para establecer que cuando digo “buen discurso” hago referencia tanto al intérprete como al redactor, sean ambos la misma persona o no. Estén presentes ambos o no, sea una carta, un discurso, una improvisación. Es decir, para mí son igualmente valiosos ambas características: las palabras y la interpretación.
En el caso de la política existen varios ejemplos que ameritaría blogs enteros de análisis. De hecho, seguramente los hay. De aquellos que podemos tener algún audio o video “remasterizado” y que me “mueven” están:
Winston Churchill “… we shall fight on the beaches… we shall never surrender…”. Solo con escribir esas palabras se me aguó el ojo. Discurso ante la Cámara de Los Comunes el 4 de junio de 1940, en medio de uno de los momentos más oscuros de nuestra especie.
Julius Robert Oppenheimer “…Now I am become Death, the destroyer of worlds…” Si ya no me vayan a regañar, discurso no es. Cita del Bhagavad Gita para referirse a la primera detonación de la bomba atómica en Japón.
Martin Luther King, Jr. “…I have a dream that one day on the red hills of Georgia… I have a dream today…”. 28 de agosto de 1963. Un mensaje poderoso de esperanza en un contexto de tensiones sociales, como le hace falta hoy en día a Estados Unidos un titán de este calado.
Aunque no voy a repetir sus palabras, no puedo desconocer o al menos entender porque resultaron tan cautivadores los discursos de, quizás, el humano más despreciable en la historia reciente. Adolf Hitler. En cualquier documental sobre la Segunda Guerra Mundial se puede ver el lenguaje corporal de esta persona, el carisma, la astucia en la selección de palabras, en fin… muchas características ideales para un orador, pero lamentablemente en poder de un ser nefasto.
Pasando a algo más suave, las películas también nos han dejado buenos discursos. Y sobre todo en aquellos contextos que no corresponden a nuestra realidad. Para la muestra un botón:
Idris Elba “… Today we are cancelling the apocalypse” Titanes del Pacífico, película que es el sueño de todo adulto niño e inmaduro, robots gigantes peleando contra monstruos gigantes.
Al Pacino “…God likes to watch. He’s a prankster. Think about it…” Abogado del Diablo, excelente película por si no la han visto.
En el caso del mundo científico cómo no mencionar al mejor de todos los discursos de nuestra especie, y le peleó al que diga lo contrario… jajaja
Carl Sagan “...that’s here, that’s home, that's us… our imagined self-importance, the delusion that we have some privileged position in the Universe, are challenged by this point of pale light…” Pale blue dot.
Y por supuesto estoy dejando por fuera mil ejemplos más, ya que quiero dejar las últimas líneas… aunque esta columna es más extensa de lo habitual… para un discurso de alguien que quizás no muchos conozcan.
Siglo 16, año 1511. Constantinopla, hoy en día Estambul - Turquía. Carta firmada por Ezio Auditore da Firenze.
(Traducción libre y corresponde a mi mejor esfuerzo)
“Claudia,
Mi querida hermana. Estoy en Acrea hace una semana, a salvo y con buen espíritu.
Las personas que me han ofrecido comida y refugio aquí me han advertido que el camino a Masyaf está plagado por mercenarios y bandidos extranjeros. ¿Qué significa esto? No me atrevo a especular.
Cuando partí de Roma 10 meses atrás, lo hice con un solo propósito. Descubrir lo que nuestro padre no pudo. En una carta un año antes de mi nacimiento, él menciona una librería oculta debajo del Castillo de Masyaf. Santuario de invaluable sabiduría.
Entonces, ¿qué encontraré cuando llegue?, ¿quién me dará la bienvenida? ¿Un batallón de Templarios, cómo más temo? ¿O nada más el sonido del frio viento solitario?
Hace casi 300 años que Masyaf no es la casa de los Asesinos. ¿Todavía la podemos reclamar como nuestra? ¿Seremos bienvenidos?
Estoy fastidiado de esta pelea. No porque esté cansado, sino porque nuestra lucha parece dirigirse en una sola dirección. Hacia el caos.
Hoy tengo más preguntas que respuestas. Por eso es por lo que he venido tan lejos. Para encontrar la sabiduría dejada por el gran Altaïr y así entender mejor el propósito de nuestra guerra. Y mi lugar en ella.
Claudia, cualquier cosa que me pase, si mis habilidades me fallan, o mi ambición me conduzca hacia el camino equivocado, no busques venganza en mi memoria. Más bien, pelea para continuar la búsqueda de la verdad para que todos se beneficien.
Mi historia es solo una de miles, y el mundo no sufrirá si termina demasiado pronto.”
Sea cual sea cual sea el caso, la habilidad de transmitir un mensaje me parece algo fascinante. Entender y experimentar el poder de la palabra, cómo cautiva, cómo convence, cómo ataca los sentidos es algo sobre lo que vale la pena filosofar.
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