#Nencatacoa
El catenaccio sigue vigente, está vivo, su principio de copar bien los espacios y robar bien en balón antes de hacer goles, pues atacar y defender en bloque valen más que tirar uno o dos jugadores contra el mundo a ver qué se les ocurre, sigue vigente.
Es usual
escuchar a los comentaristas deportivos decir que el fútbol ha cambiado, que es
más físico, que el clásico “diez” tiende a desaparecer y que la función de
líbero en el portero es cada vez más importante. El propósito de este escrito
no es contradecir estos hechos que me resultan absolutamente ciertos, solo
pretendo resaltar que, así como hay cosas que cambian, hay cosas que no; una de
ellas es que la eficiencia en el manejo del espacio en el campo de juego
siempre será una garantía mayor que la presencia de jugadores talentosos, uno
puede hacer más con once troncos que se entiendan en el campo de juego que con
diez cracks o atletas de alto rendimiento que no sean capaces de conjugar dos
pases.
Como bien
advirtió un futbolista, “en la B se corre más, pero en la A se corre mejor”,
por eso se ve de vez en cuando que un tal Corea del Sur le meta dos goles a la
Alemania campeona, o que una discreta pero muy laboriosa Islandia le empate a
la Argentina de Messi. Los seres humanos seguimos teniendo dos piernas, dos
brazos, rara vez superamos los 2,2mts de altura, y ninguno corre a 80 kms por
hora, hasta que esto no cambie, el fútbol sigue siendo un deporte, donde
aprovechar los espacios es uno de los tres ingredientes mágicos, junto a saber
quitar el balón y ponerlo dentro del arco contrario cada vez que se pueda.
Sobre este
particular, quiero rendir un sincero homenaje al glorioso “catenaccio”, ese
estilo de juego rústico, cuya creación se atañe sobre los años treinta del
siglo pasado, al señor Rappan, y que fue depurado por la selección italiana,
ganadora de sus dos primeros mundiales en el 34 y el 38 del siglo XX. Este esquema, antes que nada, busca ser
eficiente con el manejo del espacio, impone cinco defensas, con un central que
saca el equipo desde atrás, dos mediocampistas que hacen la función mixta de
marca y creación, dos laterales que bajan cuando se les necesita y suben para
los balonazos, y un delantero.
Es lo que se
conoce hoy en día como un 5 4 1. Es un esquema feo, cerrado, que atosiga el juego
en la mitad, y se pone tan agresivo como a bien tengan los mediocampistas y los
centrales ponerlos; es cortado, si el equipo contrario es superior en talento,
la orden es cortar el juego en la mitad con esas faltas de patadita, de jalada
de camiseta (faltas tácticas), que rara vez dan lugar a una tarjeta pero
incomodan, molestan, y le han sacado en algún momento “la piedra” a
absolutamente todos los cracks del mundo que, por la estructura de juego, ven
como apenas reciben el balón están rodeados hasta por seis o siete contrarios;
si no hay por dónde sacar un pase y alguien arriba para recibirlo, es crónica
de un juego con muy pocos goles y poca vistosidad.
El
catenaccio es feo, rudo, y del agrado, en mayor o menor medida, de todos los
técnicos ganadores en la historia del mundo, que algo le han aprendido, y algo
le han copiado. El concepto de atacar en bloque y defender en bloque nos
permitió ver a grandes delanteros como Drogba apoyando de manera continua la
defensa de su equipo en la liga inglesa; una liga que un par de décadas antes
se caracterizaba por su pata, “bartolazo” y lo que se encontraran en los
remates de fuera del área grande. En Inglaterra se remata muy bien de media y
larga distancia porque durante mucho tiempo fue el único recurso real, similar
a lo sucedidó con los alemanes. No en vano, para 1982 Italia ya era tricampeón
del mundo.
El
catenaccio sigue vigente, está vivo, su principio de copar bien los espacios y
robar bien en balón antes de hacer goles, pues atacar y defender en bloque
valen más que tirar uno o dos jugadores contra el mundo a ver qué se les
ocurre, sigue vigente. Es un pensamiento sistemático, una propuesta
estructurada. Basta con ver la paliza de los franceses a los argentinos en el
último mundial para presenciar la efectividad, la presencia y el ahogo que le
genera al contrario este esquema de juego.
Alguien podría preguntarme ¿y Brasil? Bueno, Brasil es otra cosa, esta columna está dedicada al fútbol terrenal.
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