viernes, 23 de octubre de 2020

El legado del Catenaccio

 #Nencatacoa

 El catenaccio sigue vigente, está vivo, su principio de copar bien los espacios y robar bien en balón antes de hacer goles, pues atacar y defender en bloque valen más que tirar uno o dos jugadores contra el mundo a ver qué se les ocurre, sigue vigente.

Es usual escuchar a los comentaristas deportivos decir que el fútbol ha cambiado, que es más físico, que el clásico “diez” tiende a desaparecer y que la función de líbero en el portero es cada vez más importante. El propósito de este escrito no es contradecir estos hechos que me resultan absolutamente ciertos, solo pretendo resaltar que, así como hay cosas que cambian, hay cosas que no; una de ellas es que la eficiencia en el manejo del espacio en el campo de juego siempre será una garantía mayor que la presencia de jugadores talentosos, uno puede hacer más con once troncos que se entiendan en el campo de juego que con diez cracks o atletas de alto rendimiento que no sean capaces de conjugar dos pases.

 

Como bien advirtió un futbolista, “en la B se corre más, pero en la A se corre mejor”, por eso se ve de vez en cuando que un tal Corea del Sur le meta dos goles a la Alemania campeona, o que una discreta pero muy laboriosa Islandia le empate a la Argentina de Messi. Los seres humanos seguimos teniendo dos piernas, dos brazos, rara vez superamos los 2,2mts de altura, y ninguno corre a 80 kms por hora, hasta que esto no cambie, el fútbol sigue siendo un deporte, donde aprovechar los espacios es uno de los tres ingredientes mágicos, junto a saber quitar el balón y ponerlo dentro del arco contrario cada vez que se pueda.

 

Sobre este particular, quiero rendir un sincero homenaje al glorioso “catenaccio”, ese estilo de juego rústico, cuya creación se atañe sobre los años treinta del siglo pasado, al señor Rappan, y que fue depurado por la selección italiana, ganadora de sus dos primeros mundiales en el 34 y el 38 del siglo XX.  Este esquema, antes que nada, busca ser eficiente con el manejo del espacio, impone cinco defensas, con un central que saca el equipo desde atrás, dos mediocampistas que hacen la función mixta de marca y creación, dos laterales que bajan cuando se les necesita y suben para los balonazos, y un delantero.

 

Es lo que se conoce hoy en día como un 5 4 1. Es un esquema feo, cerrado, que atosiga el juego en la mitad, y se pone tan agresivo como a bien tengan los mediocampistas y los centrales ponerlos; es cortado, si el equipo contrario es superior en talento, la orden es cortar el juego en la mitad con esas faltas de patadita, de jalada de camiseta (faltas tácticas), que rara vez dan lugar a una tarjeta pero incomodan, molestan, y le han sacado en algún momento “la piedra” a absolutamente todos los cracks del mundo que, por la estructura de juego, ven como apenas reciben el balón están rodeados hasta por seis o siete contrarios; si no hay por dónde sacar un pase y alguien arriba para recibirlo, es crónica de un juego con muy pocos goles y poca vistosidad.    

 

El catenaccio es feo, rudo, y del agrado, en mayor o menor medida, de todos los técnicos ganadores en la historia del mundo, que algo le han aprendido, y algo le han copiado. El concepto de atacar en bloque y defender en bloque nos permitió ver a grandes delanteros como Drogba apoyando de manera continua la defensa de su equipo en la liga inglesa; una liga que un par de décadas antes se caracterizaba por su pata, “bartolazo” y lo que se encontraran en los remates de fuera del área grande. En Inglaterra se remata muy bien de media y larga distancia porque durante mucho tiempo fue el único recurso real, similar a lo sucedidó con los alemanes. No en vano, para 1982 Italia ya era tricampeón del mundo.

 

El catenaccio sigue vigente, está vivo, su principio de copar bien los espacios y robar bien en balón antes de hacer goles, pues atacar y defender en bloque valen más que tirar uno o dos jugadores contra el mundo a ver qué se les ocurre, sigue vigente. Es un pensamiento sistemático, una propuesta estructurada. Basta con ver la paliza de los franceses a los argentinos en el último mundial para presenciar la efectividad, la presencia y el ahogo que le genera al contrario este esquema de juego.

 

Alguien podría preguntarme ¿y Brasil? Bueno, Brasil es otra cosa, esta columna está dedicada al fútbol terrenal.

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