#Bochica
Puede ser que no sea nada, puede ser que
esta columna quede en el olvido y pase a engrosar el ya amplio
inventario de reflexiones sobre economía. Sin embargo, creo que la
economía está a punto de tener que incorporar en su estructura de
análisis uno de los sismos más grandes en su paradigma.
Empecemos por el principio, bueno casi el principio. Históricamente, se concede el nacimiento de la macroeconomía a John Maynard Keynes con la publicación, en el año de 1936, de la obra Teoría general del empleo, el interés y el dinero. Contemporáneamente, Hicks y Hansen, en un intento de modelar matemáticamente lo propuesto por Keynes, desarrollaron el modelo IS-LM (Investment-Savings and Liquidity-Money). Ambas aproximaciones cambiaron para siempre la forma de pensar en economía, en la medida que definieron una estructura básica de análisis, imperfecta pero útil.
Particularmente, el objeto de análisis de estos autores es sobre la economía entendida como país. Es decir, el objeto que se caracteriza es un país, cuya definición más general se puede entender como una organización política con un territorio común y un gobierno. Así, cuando un economista hace recomendaciones de política económica, en el fondo está haciendo recomendaciones a un país para que su gobierno y demás instituciones tomen una acción determinada.
Tanto Keynes como el modelo IS-LM considera el objeto (país igual a economía) como un sistema cerrado, no interactúa con otros objetos (otros países). En este sentido, el modelo Mundell-Fleming extiende el marco hacia economías abiertas, diferenciando entre grandes y pequeñas, por lo tanto, se incorpora algo de interacción entre los objetos, pero se mantiene la igualdad entre economía y país.
Me excuso con el lector que hasta el momento encuentre los anteriores párrafos enredados y aburridos, además de sin sentido… jajaja… En resumen, los macroeconomistas cuando hablan de economía se están refiriendo a un país. Y el lector en este punto se preguntará ¿y eso qué? ¿por qué es importante? ¿para dónde va esta columna? Téngame paciencia por favor, yo tampoco sé para dónde voy.
Considere el empleo y todas sus adendas: tasa de desempleo, tasa de ocupados, tasa de participación, etc. Cuando desde un punto de vista macroeconómico y de política se dice que se debe hacer “x” o “y” acción para mejorar el empleo, dada la igualdad entre economía y país, se entiende que esta acción afectará al territorio, a las personas que viven en ese país. El empleo es un sistema cerrado o circunscrito al territorio.
Ahora considere el papel moneda en su país, casi la mayoría de los países solo aceptan para sus transacciones la moneda emitida por ellos mismos. Por lo tanto, cuando se implementa una política monetaria expansiva, por ejemplo, sus efectos se limitan, de nuevo, a su territorio y en una menor parte a “los mercados internacionales” a través de la tasa de cambio. Con excepción de las siete economías más grandes, se puede decir que el dinero también es un sistema cerrado.
Para las demás variables “macro” o políticas, se puede hacer un análisis similar. En el caso de los flujos de capital (inversión directa, de portafolio o “golondrina”) se ha hecho un esfuerzo grande por disminuir las barreras de entrada y salida, sin embargo, todavía persisten altos costos de transacción sobre todo para economías en desarrollo. Deliberadamente dejo por fuera la discusión de impuestos, primero porque no soy un experto y segundo porque ahí sí que esta columna sería un somnífero.
En consecuencia, muchas personas buscan estar, vivir y desarrollarse en países (o economías) con mejores perspectivas que donde pertenecen. Y una restricción, quizás la más significativa, es que para acceder a los beneficios de esos sistemas cerrados es necesario estar en el territorio.
Yo no puedo disfrutar de los beneficios de una baja inflación en EE.UU si no vivo en ese país y si no gano en dólares. Yo no puedo disfrutar de los beneficios del sistema de salud de Canadá si no estoy físicamente en Canadá. Yo no puedo disfrutar del experimento islandés de trabajar solo 4 días a la semana porque no hago parte de la fuerza laboral de Islandia.
Ahora bien, la coyuntura de pandemia ha llevado a replantearse muchas cosas, quién sabe cuántas de ellas se materialicen en la “nueva normalidad”. No obstante, el surgimiento de nuevas necesidades y formas de hacer las cosas puede que lleve a los economistas y a la economía como disciplina a reformular o pensar en cómo reformular “sus modelos”.
¿Por qué? De nuevo, piense en el empleo. Solo es dar una pequeña búsqueda en portales de prensa y se evidencia la creciente necesidad de muchas personas de ubicarse en un empleo remoto, también muchas empresas se han dado cuenta que su modelo de negocio al final del día no necesita de una oficina ni de tener gente “encerrada” en cubículos. Así, en teoría, las personas podrían trabajar en una empresa desde cualquier lugar del mundo… entonces pregunto: ¿ese empleado en qué estadística entra? ¿en aquella dónde vive o en aquella donde trabaja? ¿qué pasa si son nómadas?
En mi opinión, las repercusiones de una tendencia como la descrita son importantes en la medida que las políticas se han hecho hasta ahora pensando en las personas que viven en el territorio. Imagine el extremo, imagine un país donde todas sus empresas tengan sus empleados viviendo en otro país. En este caso, ¿será viable que este país implemente una política de 4 días laborales? ¿para qué? Si toda la gente vive afuera, ¿cuál será el beneficio para este país?
La “nueva movilidad” que supongo que veremos en los próximos años llevará a que estos sistemas cerrados se rompan y deje a los países “viendo un chispero” en términos de sus políticas económicas. En los 1990 's, en Latinoamérica estaba la discusión “abran la economía vs cierren la economía” y aún hoy en nuestros países la gente se pelea por esta dicotomía.
Pues déjenme decirles que a estos países y a los economistas nos cogió la noche, el mundo se movió y seguramente nos vamos a quedar atrás… Otro factor más para seguir en la categoría “en desarrollo”.
Los sistemas deberían ser el nuevo objeto de estudio de la economía, con eso ahora gritaríamos “abran los sistemas”. Esto significaría, por ejemplo, acceder al mercado laboral de la Unión Europea sin tener que renunciar a nuestra tierrita. El yo optimista cree que esto será un proceso ordenado, donde los países van a llegar acuerdos (parecidos a los comerciales) o si no va a ser la pelea del más fuerte… O en un escenario inesperado, sale un señor como Nayib Bukele implementando Bitcoin en El Salvador de un solo pupitrazo en menos de 90 días.
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