#Chaquen
El título de esta columna corresponde al último libro escrito por Mario Mendoza y publicado por Planeta, compuesto por IX capítulos en 216 páginas de una buena lectura.
Confieso, es la primera vez que me arriesgo a hacer una reseña de un libro y no tengo idea de cómo hacerla, precisamente porque los escritos del maestro Mendoza, apasionantes desde todo punto de vista, hasta este libro, tenían una estructura definida, un hilo conductor, un relato o varios relatos que se entrelazan entre sí, pero que llegaban a un fin, bien sea como el cierre de una novela, que puede gustar o no, o la idea de una próxima para un futuro.
La bitácora de un naufragio es diferente, parecen cuentos cortos o vivencias, sin sentido a veces, desconectadas entre sí a simple vista, pero que reflejan precisamente lo contrario, que no todo es como queremos ni a nuestro parecer, es la vida misma, con diferentes vivencias, algunos con mucho por contar y otros con poco o nada que decir.
No puedo negar que me sorprendió al leer el primer capítulo y hasta pensé en no leerlo, pues curiosamente el anterior libro (Akelarre) lo leí un año después, al inicio de la pandemia, precisamente porque desde el nombre no quería adentrarme en un mundo inquietante, terminó siendo una buena experiencia para iniciar el encierro colectivo obligatorio de marzo de 2020.
Pero en algún momento me pregunté: ¿qué me puede sorprender? ¿será mirarme al espejo? Pero si eso lo hago todos los días cuando el cansancio y la fatiga me acompañan desde hace unos cuantos meses. Al final, la realidad siempre supera la ficción y por más que nos digan que el mundo no cambia, siempre hay un espacio para pensar que es peor.
La novela está llena de relatos de la pandemia, algunos tan irreales como realistas, algunos tan alocados pero ciertos, que reflejan precisamente lo que el autor nos ha querido expresar en toda su obra -creo que sólo me falta leer la saga juvenil y El viaje del loco Tafur (el precio es alto, supongo que porque no fue masivo)-, que la vida es oscura, que cada quien tiene sus propios intereses y sus propios miedos, que la mentira y la codicia nos arrastra hasta lo más profundo de nuestro ser, a nuestras propias miserias.
En la lectura se siente la desesperanza del autor por un cambio de rumbo, que no vendrá y de un futuro que no tiene retorno, pues el sufrimiento de muchos, que en silencio han vivido la pandemia es precisamente el reflejo de la sociedad actual, solidaria cuando le conviene e individualista cuando también. La soledad de la muerte, las lágrimas de los seres queridos, la preocupación de las madres y padres, el desasosiego del día a día y el anhelo por una vida mejor, alienta cada día menos, desde la visión que cada uno tiene del mundo y de la vida propia, precisamente porque cada quién decide cómo vive, como siente, cómo ve pasar los días, cómo actúa en el día a día.
La experiencia de lectura fue distinta, realista si se quiere, precisamente porque en la pandemia todos hemos vivido diferente, hemos aprendido desde la distancia pero también con la cercanía de la tecnología y del aprovechar de cada momento, alimentamos nuestra alma con la esperanza del regreso, del reencuentro, del abrazo olvidado, del saludo de beso y de la sonrisa que hoy se esconde en un tapabocas, en la ansiedad de que todo pase y volvamos a nuestra normalidad, quizás sin tener en cuenta que nada será como antes, todo será distinto, debe ser distinto, para vivir, para resistir, en la frenética Bogotá, la ciudad Gótica del autor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario