#Chaquen
Desde hace muchos años siempre se ha escuchado la famosa frase: “los hombres pasan, las instituciones permanecen”. Y para cualquier demócrata y ciudadano, la frase no tiene discusión, pues siempre hay que defender la institucional en una democracia, independiente de las personas que pasan o trascienden a la institución. Pero lo anterior no significa que todo lo que hagan las instituciones se deba aceptar “como palabra de Dios”. Muchas veces, las instituciones transgreden a las personas, casi siempre, de manera injusta e irrespetuosa.
Por supuesto, después del anterior párrafo algunos pensarán: ¿este escrito será de política, de economía, de la justicia, de los problemas del mundo actual? La respuesta es no, precisamente porque el tema trasciende lo importante de la vida y las instituciones.
Lionel Andrés Messi Cuccittini es un futbolista argentino que tiene 34 años y que fue fichado por el FC Barcelona cuando era un adolescente, con la esperanza de ser una gran estrella que le ayudara a fichar títulos a nivel mundial y el reconocimiento que la república catalana siempre ha deseado en todo el mundo, dado que desde el establecimiento español el Real Madrid es su símbolo de poder, señorío y títulos a nivel mundial.
Desconocer la historia del Barca sería equivocado de mi parte, pero una cosa es antes de Messi y otra después, pues sólo basta mirar los títulos locales o europeos para saber que gracias a los “holandeses” y, en especial a Johan Cruyff, el Barcelona es reconocido en Europa como uno de los equipos de fútbol importantes y donde el buen juego siempre ha sido uno de los pilares. Pero la era Messi inicia cuando uno de los tantos incomprendidos del fútbol brillaba y le daba uno que otro título y la gloria en la UEFA Champions League. Ese incomprendido fue Ronaldinho, quién deleitaba a la tribuna en todos los partidos con su buen juego individual y colectivo, pero que fuera de las canchas gustaba de la noche, de la rumba y de la buena compañía femenina.
La herencia que recogió Lionel fue multiplicada en tres UEFA Champions League, bajo la era Guardiola (2) y Luis Enrique (1), y muchos títulos más (Ligas Españolas, Copas del Rey, Mundial de Clubes, Supercopas y demás), lo que lo hace el jugador más importante de la historia del FC Barcelona, sin desconocer que junto a él brillaron Xavi Hernández, Andrés Iniesta, Carles Puyol, Gerard Piqué, entre otros reconocidos futbolistas catalanes, tal como la hinchada lo pedía, dominar el fútbol mundial y eliminar al Real Madrid cada vez que se aparecía en el camino.
Pero esa era, gloriosa y poderosa no duró, porque la institucional tomó muy malas decisiones: no lograron convencer a Neymar para liderar el proyecto junto a Messi y el dinero que pagaron los cataríes fue dilapidado en refuerzos que nunca estuvieron a punto, que permanecieron lesionados y nunca acompañaron a Messi a ganar nuevos títulos (Coutinho y Dembelé). Mientras el Barcelona se “refundaba” alrededor de Lio pero sin “armar” un equipo competitivo, en la vereda del frente la BBC (Benzema, Bale y Cristiano) lograban lo imposible, tres Champions seguidas bajo el comando del único ídolo que fue tratado bien por la institucionalidad madridista: Zinedine Zidane (el calvo hp).
Por supuesto, el resto de la historia ya ustedes la conocen, el show mediático que generó la salida de Messi del Barca, entre lágrimas y llanto desconsolado, como un niño chiquito y la llegada sonriente a París junto a su familia (¡todos deseamos tener una Antonella y el que la tiene cuídala!), marcan un nuevo rumbo, donde los hombres pasan y las instituciones quedan, se refundan y volverán a triunfar, acompañados de fracasos y éxitos, pero con la mancha de que “tratan mal a sus ídolos, a sus estrellas”, pues el destrato con Messi es uno más en la historia de los clubes grandes como el Barcelona, sin olvidar lo que pasó con Romario, Ronaldo, Rivaldo, Ronaldinho, entre otros, que aportaron un granito de arena para que la institución fuera grande, pero no tanto como Messi.
Con el transcurrir de los días se conocerá la verdad, hay cosas que hoy no cuadran, no son claras y será el propio Messi quién decidirá si cuenta todo, pues la forma en que fue utilizado en el último año no es nada diferente a lo que hacen los políticos cuando prometen un montón de cosas en épocas de campaña y que no cumplen al momento de ser elegidos.
El fútbol es como la vida, ingrata a veces, alegre en otras, pero siempre hay una revancha y así Messi no gane con el PSG, se merece todo lo bueno de la vida y ya el haber ganado con Argentina la Copa América en 2021 es el inicio del fin, sólo Qatar 2022 lo dirá.
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