miércoles, 24 de marzo de 2021

¿Educación gratis? Mitos y realidades

#Chaquen


Las nuevas generaciones reclaman de forma vehemente: educación gratis, la educación soluciona todo o casi todo, nos acerca a mejores estándares de vida, permite la movilidad social, facilita la búsqueda de trabajo y nos hace mejores ciudadanos.

Las últimas consideraciones mencionadas son muy ciertas, quién escribe refleja gran parte los beneficios de la educación, pero gratis no hay nada y no necesariamente la gratuidad de la educación asegura una mejor calidad de vida, siendo esta considerada en una economía de mercado con un mayor consumo y unos estándares que aseguren la satisfacción de muchas necesidades vitales.

Pero revisando el tema de la educación, creo que la gratuidad y el apoyo del Estado con recursos del presupuesto nacional y municipal debe enfocarse en los más pequeños, no sólo en los estudiantes de primaria y bachillerato sino en el apoyo que se puede brindar desde las guarderías a la primera infancia (cero a cinco años), facilitando la inserción al mercado laboral del padre y/o la madre, como los primeros responsables de los niños.

En este sentido, mayores recursos para dotar a colegios y escuelas de instalaciones adecuadas, libros, tecnología, internet y quizás, alimentación para los que lo necesitan, así como condiciones salariales acordes a la ley y a la importancia que tienen los docentes son claves para asegurar unos conocimientos básicos, acorde a los estándares internacionales; que sienten las bases para que el capital humano en la adultez tenga esa movilidad social que requiere el país y la economía.

Y este sólo objetivo requiere de un esfuerzo de todos, tanto de los ciudadanos que pagan impuestos como de los gobernantes que elegimos, para que los planes de educación no sean de corto plazo sino de muchos años, muchas vigencias, para que se construya un tejido social importante para el futuro.

Pretender que la educación superior tenga una cobertura total para los jóvenes y que esta sea brindada por el Estado y gratis, es algo muy bonito, pero no es tan fácil como parece, por varias razones:

  • No todos los jóvenes desean estudiar, lo que implica que se debe crear un mecanismo para que estudien los que deseen, dado que la responsabilidad de un joven recae en sus padres, pero cuando se acerca la adultez (18 años), esa responsabilidad es del joven y quizás, puede ser compartida.
  • No toda la educación debe ser de carácter profesional, algo que en las “grandes” ciudades puede ser importante, por ser los principales centros económicos, pero que en región no es tan relevante como si, aprender un oficio. En esto, los programas técnicos son claves y entidades como el SENA cumplen muy bien la función, a pesar de no tener una cobertura total, como debería.
  • Toda la educación superior debe ser vocacional, debe tener la facilidad de una inserción en el mercado laboral, pues de qué sirve un título profesional si no se ejerce y al final del día, muchos no saben por qué y para qué estudian.
  • Lograr una mayor cobertura de la educación requiere mayores recursos y reconociendo que la educación superior brindada por las universidades públicas es de alta calidad y que cumple con altos estándares internacionales, es loable que dichas instituciones tengan más recursos para seguir mejorando y ampliando su capacidad, pero no necesariamente la cobertura total implica que el capital humano aproveche los recursos invertidos, lo que quizás desde la eficiencia económica y académica puede ser discutible.
Ahora, si queremos educación gratuita en todos los niveles, todos debemos pagar impuestos y el grado de formalidad en las transacciones económicas debe ser muy alto, algo que culturalmente requiere de muchos años, no sólo de educación formal sino de la educación más importante de la vida, la de la casa, la que enseñan los padres con el buen ejemplo, la que se impregna en el individuo per se, la que fomenta buenas actuaciones, la que traspasa los salones de clase y las conexiones remotas para llegar a la mente, al alma y al espíritu de los seres humanos, porque ¿de qué sirve una buena educación si no se es buena persona y buen ciudadano? ¿Acaso nuestros gobernantes (la mayoría) no son personas educadas en las mejores universidades del país y a cada tanto están inmiscuidos en problemas de corrupción, violencia de género, acoso laboral?

La discusión es muy amplia y al final, lo único cierto es que tener una educación gratuita cuesta mucho y todos debemos pagarla, lo cual es paradójico, porque en la educación privada de calidad, usted paga y recibe un servicio acorde a los estándares mínimos para lograr esa movilidad social necesaria para trascender, pero no todos tienen esa posibilidad y la brecha en cuanto al acceso es muy grande, no sólo por falta de oportunidades como siempre se reclama, algo muy discutible en las ciudades capitales, pues quien determina qué quiere hacer de su vida es el individuo que sueña, piensa, desea pero que concreta, se arriesga y toma decisiones, se empodera de su vida y decide lo mejor, pues pretender que los papitos o el Estado le digan que tiene qué hacer, qué debe estudiar, cómo debe comportarse a la edad de 18 años, es el reflejo de una sociedad que no quiere avanzar y que todo lo quiere regalado, pero nada es gratis.

¿Acaso el Estado al proveer un servicio gratis lo hace sin nada a cambio? Mentira, la cobertura y la calidad de los servicios públicos aseguran la continuidad de los gobernantes en el poder, algo que nuestros políticos no han entendido a lo largo de los años, un buen gobierno asegura una segunda elección, en cabeza de otra figura y, así sucesivamente, algo normal en sociedades donde las castas permanecen, pero en el caso de Colombia, las castas piensan diferente.

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