jueves, 18 de marzo de 2021

De la gratuidad y otras distracciones

#Chaquen


En el último tiempo, la sociedad “juvenil” reclama derechos tan loables e importantes como la salud, la educación, el trabajo y otros bienes y servicios, adicionales a los que provee el Estado para que el bienestar de todos sea cada día mejor.

Por supuesto, el que un bien o servicio sea completamente gratuito es algo irreal que la economía quizás no ha logrado explicar bien, pues se indica que un bien público es gratuito cuando un individuo puede hacer uso de él cuantas veces desee sin tener que pagar una tarifa, pero esta definición hace referencia a la no rivalidad y quizás la no exclusión e indica que todos podemos hacer uso, sin la restricción de pagar.


Pero, este tipo de bienes “gratuitos” o de “no cobro por uso” no son gratis, el Estado, a través de las administraciones públicas del orden nacional, departamental o municipal asumen un costo por la oferta del bien y/o servicio, así como su mejora o mantenimiento, sólo que su financiación se realiza a través del recaudo de impuestos o emisión de deuda en los mercados financieros, tal como se hace con los demás gastos de los gobiernos.


Lo anterior implica que, técnicamente, los bienes públicos no son del todo gratis y “alguien” los paga, es decir, todos los que pagamos impuestos en nuestra cotidianeidad cuando realizamos transacciones económicas, es decir, como dicen los economistas: “no hay almuerzo gratis”.


Ahora, pretender que la salud y la educación sean gratis es algo utópico quizás, lo que no implica que los diferentes mecanismos de financiación para las personas en condiciones de pobreza o indigencia deban dejarse “al garete” y que la corrupción acabe con los buenos programas sociales que se han implementado y que han ayudado a muchísimas personas a salir de condiciones de vulnerabilidad, que propician el crimen, en todo sentido de la expresión.


Por ende, la discusión de un servicio de salud que cubra a toda la población y que sea costeado por el Estado sería el ideal dentro del pensamiento de la nueva generación, pero eso implicaría no sólo que los impuestos deben aumentar considerablemente para su financiación sino que los administradores de la salud sean eficientes con el uso de los recursos y se aseguren unos servicios mínimos vitales para todos, pero que no excluya la posibilidad de acceder a un mejor servicio, pagando un valor adicional, que cubra esos costos, algo que sólo el sector privado a demostrado poderlo hacer, con la regulación debida.


En el caso de la educación, creo que el sólo tema merece un apartado especial, porque de cierta forma los costos de la educación primaria y secundaria son mínimos y el acceso, al menos en las ciudades capitales, sólo requiere de la inscripción en las secretarías de educación, pero pretender que esa gratuidad se extiende a la educación superior y que cubra a toda la población, no sólo es imposible en un Estado Social de Derecho, sino que asignaría muchos recursos a las castas políticas corruptas que prometerían calidad pero que sólo serviría para perpetuarlos en el poder.


Continuará…

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