lunes, 19 de octubre de 2020

La era de la extinción IV: la magia del 10

#Chaquen

El centrocampista ofensivo siempre se caracterizó por ser el mejor en todo: pase gol, tiro libre, penal, remate de fuera del área, buen dominio de balón, visión de juego, liderazgo y cuando las “papas quemaban”, la magia del crack. Eso sí, sacrificio poco, correr cuando quisiera, marcar al rival poco, con la sombrita era más que suficiente y casi siempre, como los buenos perfumes, en empaque pequeño y de a poquito, es decir, si aparecía una o dos veces en el partido, era más que suficiente.
Por supuesto, la generalización aplica para el “10” normal, con buen domino de balón y visión de juego, ya si era goleador, buen cabeceador y tenía sacrificio, era más que un crack, eran reyes como Pelé, dioses como Maradona (D10S), pero también del estilo de Cruyff o Platini, magos como Zidane o un tal Ronaldinho. Claro, alguien se preguntará: ¿Y Messi? ¿Iniesta? ¿Xavi? ¿Pirlo? ¿Modric? ¿Kroos? Todos cumplen la mayoría de los requisitos, pero no todos -vienen en empaque pequeño, excepto Pirlo, pero tampoco es que cabeceara mucho-, aunque les alcanza para estar en el Olimpo del Fútbol. Y si, Maradona cabeceó el tercer gol más importante de la historia del fútbol argentino, la mano fue de D10S (el primero fue el de Kempes en el mundial del 78’, el segundo es el “barrilete cósmico” como lo bautizó Víctor Hugo Morales en México 86’).

Lo curioso es que, en la reinvención del fútbol moderno prima la ocupación de espacio, la marca asfixiante, la presión alta y todo el verso de la posesión del balón, el centrocampista de armado es el nuevo mediocentro, es decir, un jugador con buen manejo de balón, visión de juego, pase gol filtrado, cambio de frente pero también, sacrificio, recuperación de balón y por supuesto, liderazgo. Por eso incluyo en la lista a Xavi, Pirlo, Modric y Kroos, porque arrancando en una línea de 4 en fase defensiva o una línea de tres cuando el equipo juega con tres delanteros, ayudan en marca, recuperan la pelota y con toda la autoridad característica de los tipos diferentes, se suman al ataque con un buen pase, con desdoblamiento y haciendo rodar a la pecosa, porque no es correr porque sí, es que rueda la pelota y el espacio se ocupe en el momento adecuado para el ataque o la defensa.

El 10 desaparece como lo conocimos antes, siendo amo y señor del juego, dueño del balón. Hoy sigue siendo el director de orquesta, pero con funciones defensivas, como si fuera el DT en la cancha, pero no todos los que tienen buen juego y trato con el balón, pueden hacer esa función, debe ser diferente, el juego es más que una profesión, es lo único, pero como todo, no es para todos, son pocos los elegidos.

Lo anterior no implica que jugadores de buen pie, que tengan dominio de balón, remate de media distancia y gol, no puedan cumplir dicha función, pero eso depende del plan de juego de los entrenadores y de la disponibilidad del recurso humano. Por ejemplo, si un equipo no tiene el medio centro, pero tiene un delantero, que por su calidad puede jugar unos metros atrás del delantero de referencia, ese jugador puede ser importante en el último cuarto de la cancha y ser efectivo, no sólo en asistencia sino en llegar libre al remate de gol.

El problema de lo anterior es que, el alto nivel físico del fútbol actual lleva a pensar a los entrenadores que el delantero retrasado, si juega por una banda del campo de juego, puede hacer las labores defensivas y funcionar como un “alero tornante”, que va y viene, ayudando al lateral o al centrocampista del mismo sector, pero no todos tiene la capacidad física para hacerlo ni la vocación para el sacrificio y si los resultados no acompañan, el esquema defensivo termina siendo el caballito de batalla para conseguir victorias, empates y, por supuesto, lo único que vale: ¡ganar!

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