viernes, 16 de octubre de 2020

Escribir

#Nencatacoa

Que le digan a uno cómo escribir es como que le digan cómo “cagar”. Los hobbies son eso, hobbies, se hacen porque sí y al igual que la contemplación no tienen ninguna función particular.


#Nencatacoa

 La semana pasada me sucedió algo que, debo confesar, no me había sucedido jamás, no tenía nada para decir, y en mi eso es bien extraño. Absolutamente nada, con una hoja en blanco en frente, no tenía la más mínima idea sobre qué colocarle, ni siquiera un collage de insultos disfrazado de opinión objetiva; ese que se hace rápido, es fácil y la gente lo consume porque le fascina saber que alguien también odia lo mismo que ella; esa forma de escritura “pedorra” que es atractiva para tanto columnista mediocre de periódicos y revistas que en la primera página hablan de la situación del país al lado de la publicidad de un reloj, y en la segunda página hablan del color de los cucos de una reina de belleza, al lado de los indicadores bursátiles. Pero no, en esta ocasión ni eso, mi cerebro no era capaz de producir ni siquiera material pedorro y de venta rápida, aun teniendo tantos insumos en la actualidad nacional y tantos maestros en los medios escritos. Estoy de acuerdo con que la “mente en blanco” es un estado imposible para un ser humano que reporta una actividad neuronal normal, pero si existe el momento en que a uno no se le ocurre un carajo de nada.

 

Intenté entonces acudir a los recursos emocionales a los que acuden los artistas: experiencias –buenas o malas-, algún recuerdo, alguna tristeza atorada, algún hecho que me resulta indignante, y nada, ni un poquito de acidez en las ideas; y entre más esfuerzos hacía al cerebro no se le ocurría nada, simplemente estaba en completa armonía con el mundo que me rodeaba, y no tenía nada para decir al respecto. Era un momento de completo aplanamiento emocional y mental.

 

La situación por la que atravesaba me resultaba extraña, ajena. Cuando escribir es un trabajo, algo sale; bonito, feo, útil, inútil –en la mayoría de las ocasiones donde se espera un pago es así-, pero algo sale. Lo que importa es contar con la aprobación del jefe inmediato; este espera que lo que uno escribió tenga buena aceptación o “rating” entre el público objetivo. Es un producto dentro de la lógica de mercado, y lo esperado es que guste y venda.

 

Ahora bien, este no es mi caso, yo escribo por el hecho de escribir, no cae mal una flor si lo que uno escribió le gustó a alguien, como tampoco cae mal algún pesito que la vida otorgue en reconocimiento; pero ese no és el fin, me enseñaron que esos pesitos se consiguen usualmente con trabajos aburridos, y yo ya tengo uno. Escribir para mi es otra cosa, es algo que me gusta hacer y por eso lo hago; no lo caracterizo como algo liberador, no creo que me llene el alma ni me haga mejor ser humano, simplemente me gusta hacerlo, y por eso también creo que disfruto mucho el que no sea una actividad de la cual dependa mi sustento; que le digan a uno cómo escribir es como que le digan cómo “cagar”. Los hobbies son eso, hobbies, se hacen porque sí y al igual que la contemplación no tienen ninguna función particular.

 

Para un escultor es difícil llegar con una piedra sin hacerle nada, así como para un músico es difícil llegar con una cinta en silencio, del mismo modo es complicado que un pintor llegue con un cuadro en blanco, aunque, bueno, hay de esas galerías tetra conceptuales donde pegan cualquier cosa, y desde que el “artista” sea amigo del que debe, o hijo de buena familia, dicen que es una magna obra y el problema es de uno por no entenderla. Pero en general se entiende la idea.

 

Con la escritura he encontrado que pasa algo distinto, puedo ser correcto gramatical y sintácticamente y llenar hojas y hojas de nada, absolutamente nada. Le agradezco a la vida permitirme escribir, poder expresarme aún cuando no tengo nada para decir.

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