jueves, 26 de noviembre de 2020

Y Murió el fútbol

#Chaquen


No soy argentino ni seguidor xeneize pero entiendo la pasión y devoción por el fútbol y por el más grande de todos los tiempos, un tal Diego Armando Maradona. Tampoco ví su gran gesta en vivo y en directo, pues con escasos tres años de vida, no recuerdo ni la mano de D10S ni el barrilete cósmico, pero gracias a la leyenda que brillaba en el Napoli, a finales de los años ochenta, asimilé que mi pasión por el juego es lo que “el pelusa” hacía con la redonda.

Escribir de Maradona no se trata describir lo mágico de sus actuaciones en Argentino Juniors, Boca Juniors, la Selección Juvenil de finales de los setenta, su brillante actuación en el Napoli y la descomunal Copa de Mundo de la FIFA en México 86, es entender al ser humano en todas sus dimensiones, es ver el éxito y la idolatría reflejado en un simple mortal, como cualquiera de nosotros, que desarrolló un talento celestial con la pecosa, pero que también mostraba lo mal que nos puede ir cuando en el éxito, las peores cosas de la vida pueden apoderarse de todo.

Sus fracasos en el Barcelona, las lesiones en el Mundial de Italia 90, los intentos por seguir jugando en el Sevilla, en Boca Juniors y en Newell´s Old Boys, así como el no querer dejar el espectáculo, son el reflejo que se puede llegar muy alto pero que caer siempre está a la vuelta de la esquina.

El 10 no sólo le brindó alegrías a todo un pueblo, sino al mundo del fútbol, el deporte de masas, lo menos importante de lo verdaderamente importante, donde todos nos unimos alrededor de una bandera, un himno y una sola pasión, mancillada por el negocio y el aprovechamiento de unos pocos. Diego era más que eso, era carácter, era expresión pura de lo que es y lo que no es, era un visionario, no sólo en la cancha, sino cuando denunció al bandidaje internacional, que después cayó con el FIFAgate. 

Su arrogancia lo hacía impredecible, alcahueteado por muchos y odiado por otros, pues representaba la trampa en el juego pero también lo bonito de una gambeta, un pase filtrado, un tiro libre y hasta lo más simple: la veintiuna con una pelota de tenis o una naranja, imposible para cualquier jugador, perfectas para él.


Disfrute de sus últimos años en el Napoli, como simple espectador del Calcio, sufría cuando la Argentina enfrentaba a Colombia en una Eliminatoria o Copa América, pero hay dos momentos muy fuertes que no quiero dejar pasar en alto: la gallardía y el pundonor de aplaudir en la gesta más importante que ha tenido el fútbol colombiano y que marcó mi generación, aquel 5 de septiembre de 1993 cuando mi selección derrotó 5-0 en el Monumental de River Plate. 

Y ante esa derrota humillante, que puso a la Argentina a jugar el repechaje para clasificar al Mundial de EE. UU. en 1994 contra Australia, el D10S no tuvo problemas de ponerse en forma y liderar, no sólo con la cinta de capitán, sino en el juego a su selección para buscar la tan anhelada Copa del Mundo, que la había levantado con honores años atrás, que en Italia 90 se le había escapado, porque rara vez los alemanes pierden.

En EE. UU. le “cortaron las piernas”, como él mismo dijo, quizás no por lo que representaba sino porque la mafia del fútbol necesitaba que Diego no llevará a su selección al pedestal que, él y su equipo lograron para la eternidad.

Hoy, los programas deportivos de la TV internacional, cuyo epicentro es Buenos Aires, no sabían que decir, la tristeza reflejaba una noticia que todos sabíamos que en algún momento iba a llegar y que, nadie está preparado para recibir, porque no sólo murió Diego, no sólo murió el 10, no sólo murió el ídolo de un pueblo, sufrido y pisoteado desde lo político, lo económico y lo social, murió algo más que eso, MURIÓ EL FÚTBOL, como dijo el gran @SoyPaganiok con las lágrimas de un buen hombre que ama el juego.

Sin Diego no sabremos lo que es vivir y disfrutar del juego, el juego era Diego, el fútbol era Diego, será difícil no recordarlo de la mejor manera, en la cancha, porque fuera, era un mortal, con más defectos que virtudes, como todos los seres humanos, pero con alma y corazón, porque fuiste el mejor, eres el mejor y serás siempre, EL MEJOR.

¡Gracias totales!


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