# Bochica
¿Será que sí? ¿Será que no? ¿Pero es cómo bastante dinero? Aunque ya trabajo y me puedo dar el lujo ¿Estaré muy grandecito para ponerme a comprar estas vainas para jóvenes y niños? Que carajos, me la voy a comprar... Ese día fue un domingo hace ya unos buenos años. Regresé a la casa con un PlayStation® 3 bajo el brazo cerca de las 3 de la tarde… no me despegué del televisor hasta el lunes a las 2 de la mañana.
¿Será que sí? ¿Será que no? ¿Pero es cómo bastante dinero? Aunque ya trabajo y me puedo dar el lujo ¿Estaré muy grandecito para ponerme a comprar estas vainas para jóvenes y niños? Que carajos, me la voy a comprar... Ese día fue un domingo hace ya unos buenos años. Regresé a la casa con un PlayStation® 3 bajo el brazo cerca de las 3 de la tarde… no me despegué del televisor hasta el lunes a las 2 de la mañana.
Mi relación con los videojuegos comienza desde muy pequeño. En Colombia, no sé en otras latitudes, la generación que nació a mediados de los 1980’s le tocó comenzar su inserción a este mundo con la consola Atari® 2600. De ahí que, durante muchos años, casi que hasta la llegada del PlayStation® 1, se hiciera popular la expresión “… voy a jugar atari…” así fuera en una consola de Nintendo… hágame el favor… jajaja. Del 2600, tengo recuerdos lejanos y por pedazos. Recuerdo haber jugado tenis, Formula 1, Pacman y lo que más recuerdo es el cartucho con palancas para cambiar de juego… eran como mil.
Luego en los 1990’s con la llegada del Nintendo Entretaiment System o Nes, en Colombia simplemente Nintendo, empezó en realidad mi afición, mi adicción. La verdad no sé explicar qué fue lo que me atrajo tanto de esta actividad, aunque claramente le puedo asignar una buena parte de la culpa a Super Mario Bros.
Mi lado “gamer” salió a relucir en serio con el Super Nintendo, donde pasé incontables horas en Super Mario World, Super Mario Bros 3, Mortal Kombat, Killer Instinct, entre muchos otros más. Sin embargo, a pesar de tantas horas dedicadas no recuerdo nada particular, sé que me gustaba jugar, pero era más para distraerme… no sé cómo decirlo… jugaba y jugaba, pero no había conexión, no me involucraba mucho con el juego.
Luego del Super Nintendo pasó mucho tiempo, quizás unos 15 o 13 años, que no tuve ninguna consola. Ni Nintendo 64, ni Sega, tampoco Play 1 o 2, ni siquiera Xbox o Xbox 360. Las razones de tal “hueco” fueron básicamente financieras, no teníamos plata para esos lujos. Los juegos de esa generación de consolas los jugué porque amigos míos me invitaban a jugar. De esa época tengo bastantes recuerdos alegres… aun cuando me sacaran a patadas de la casa de un amigo porque ya era madrugada o porque les ganaba… a pesar de eso siempre me quedaba la espina, la insatisfacción de no poder seguir jugando o no tener una consola propia.
Adelantando el reloj par años, me encontraba en la situación descrita al inicio de la columna. Eso sí lo recuerdo vívidamente… un niño chiquito, abriendo su caja del Play, nuevo… y con mi plata… conectándolo al televisor… y “a por ellos” como dicen los españoles.
Mi primer juego con el Play 3 fue God of War 3 y por ello siempre estará en mi lista de aquellos que más aprecio y de los mejores de todos los tiempos, al menos para mí… a todas estas, ¿será que hago un top de videojuegos? Amanecerá y veremos. Más allá de la dinámica y mecánica del juego, me atraparon las imágenes, la música, lo épico de las batallas, cuando se me ponía el corazón a mil tratando de pasar una zona o derrotar a alguien. A manera de confesión, ese juego me lo pasé más de una vez… y solo hasta hace unos meses pude sacar el trofeo de platino en el Play 4… jajaja… mucho manco.
A partir de ahí quedé enganchado de verdad con los videojuegos. Se me despertó un hambre insaciable por conocer otras historias, otras mecánicas, retarme a pasar juegos difíciles o largos y tediosos, a explorar cada bit de esos mapas, a descubrir cada secreto.
Un excelente ejemplo de lo anterior es la serie de Assassin's creed (1,2, Brotherhood y Revelations). Esta historia me capturó, me envicié. No sé qué fue, claramente no fue un tema de correspondencia o similitud con mi contexto, no fue porque me pareciera real la historia. Ahora, pensándolo bien, es precisamente por eso, al ser ajeno me entretenía. Con esta historia me reí, me frustré, mandé el control a volar más de una vez… pero el final… ave maría el final… “No books, no wisdom… just you fratello mio” … que tristeza mezclada con alivio y satisfacción.
Así me pasó con otras franquicias, excelentes historias combinadas con mecánicas y sistemas que hacen que el jugador se involucre con los personajes y se divierta en el camino.
Finalmente, a cada loco con su cuento… y el mío son los videojuegos… no soy experto, no soy profesional, conozco muy poco de la industria… pero me gusta jugar y así espero seguir hasta la muerte térmica del universo.
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