#Chaquen
Desde hace varios años, las camisetas de los equipos de fútbol de Europa en competencias como la UEFA Champions League o la UEFA Europa League tienen un logo como el título de este escrito, como una de las tantas luchas contra el racismo que existe en el mundo y, sobre todo, en países como Alemania, Francia, Inglaterra, España, con las grandes migraciones de Turquía, Argelia, Malí, Gabón, Nigeria, Costa de Marfil, Sudáfrica, Medio Oriente y, por supuesto, Latinoamérica.
Las migraciones han sido fomentadas por las buenas condiciones de vida que los países desarrollados han propiciado, facilitando los trámites para acceder a los empleos no calificados que los europeos no desean realizar, pero que terminan siendo una fuente de ingresos importante para las personas que, en la búsqueda de una mejora en su calidad de vida, acceden para que el futuro de la familia no sea tan incierto como el de su generación.
Pero desde el inicio del siglo XX, estas migraciones no sólo han sido por la búsqueda continua de mejores condiciones económicas sino porque toda la ola de violencia genera por la llamada lucha contra el terrorismo, que no sólo hizo “papilla” algunos regímenes autoritarios de Medio Oriente y muchos de los territorios del Islam, implantados por Occidente después de la caída del Imperio Turco-Otomano y cuyas fronteras terrestres son las “concesiones” petroleras que se otorgaron a los imperios (Francia, Inglaterra) en lo que la historia conoce como los protectorados.
Lo curioso de todo esto es que el mal llamado “racismo” no sólo es un problema europeo, es un problema mundial, como se evidencia en todas las regiones del mundo, pero no es sólo un tema de “etnia” o color de piel, es todo, es la falta de respeto por el otro, el no aceptar las diferencias que existen entre las culturas, en las creencias políticas, religiosas, así como el simple hecho del “gusto” por algo particular y en eso, el fútbol, como deporte de masas, refleja y evidencia en el día a día, de las redes sociales y fomentado por todos, incluidos los medios de comunicación.
Los mejores amigos que he tenido en la vida son en su mayoría simpatizantes de otros equipos de los que son hinchas, hay coincidencias quizás en gustos, de pronto en política y en la fe, pero siempre ha primado el respecto por todo, inclusive la “cargada” cuando el rival gana o pierde, porque es de lado y lado.
Pero lo triste de todo esto es que los “reprimidos” y los “otros” denuncian discriminación, cuando al final, la discriminación engloba todo: la falta de oportunidades laborales, la pobreza, la desigualdad, la desigualdad de género, que sólo los “combatimos” respetando al de al lado, sin olvidarnos que la libertad no es discriminar, es respetarnos, es respecto al prójimo y sus gustos, preferencias, creencias, sin olvidar que nuestra libertad termina donde empieza la del otro, algo tan sencillo como comer, dormir, reír, mirar, respirar, amar. El mundo será mejor el día que respetemos a todo y a todos, nadie nos solucionará los problemas sino no aprendemos a respetar y a luchar por perseguir nuestros sueños, sin pisotear a otros en el camino, podemos transitar el mismo tramo o ir en la acera de enfrente, con respeto, porque lo más probable es que cuando nos encontremos al final del camino, nos daremos cuenta lo estúpidos que fuimos irrespetando a los demás, cuando al final, un café o una cerveza eran más que suficientes para saber que todos tenemos más cosas en común que conflictos en el medio, pues como diría el “Gran Potro” Juan Carlos Gabriel de Anda (@jcgabrieldeanda): “Para qué pelear si podemos apostar”.
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