lunes, 28 de septiembre de 2020

Esfuerzo y dedicación

#Chaquen

Escribir sobre un deporte que es popular y donde todo el mundo pontifica es muy complejo y difícil, sobre todo cuando todos creemos tener el derecho a criticar y decir qué se hizo bien y que fue un desastre. Por supuesto, no me refiero al deporte más popular y que mayor dinero mueve en el mundo, como lo es el fútbol, porque al final, entre gustos no hay disgustos y siempre hay un motivo para discutir sobre táctica, estrategia, resultados y por supuesto, farándula.

En este caso, hago referencia al deporte nacional colombiano por excelencia: el ciclismo, que con sus triunfos en los años 80 del siglo XX puso en alto a la sociedad colombiana en el mundo, estigmatizada por el flagelo del narcotráfico y todo el terrorismo que afectó gran parte de la vida nacional, en todos los estamentos.

El deporte de las “bielas” es el más verraco de casi todos, la dedicación de un ciclista profesional de rodar entre 100 y 200 kilómetros diarios, como parte de su entrenamiento no lo hacen sino los verdaderos deportistas de alto rendimiento, que como todos, buscan la gloria con triunfos, se preparan para competir, ganar y, por supuesto, para vivir de ello, a través de las migajas del amateurismo hasta conseguir un contrato con un equipo local o dar el salto a las grandes pruebas como los mundiales, las clásicas de un día, las carreras de 1 o 2 semanas, hasta poder correr en una de las tres grandes: Le Tour, Giro o Vuelta.

Pero el ciclismo no sólo requiere un alto esfuerzo físico y una dedicación enorme, sino amor por el caballito de acero, por asumir peligros en un embalaje (sprint) o en una descolgada (descenso de una montaña), o lo que implica escalar montañas y, a veces, paredes, cuando se disputan los diferentes premios de montaña con niveles de pendiente (grados de inclinación) insospechados para el ser humano, donde se pone a prueba la resistencia y la resiliencia, en todo sentido. Es necesario una buena alimentación, descansar muy bien y los cuidados médicos de todo un equipo detrás de nuestros deportistas.

Infortunadamente, cada vez que hay una competencia de alto nivel y donde nuestros ciclistas participan y figuran, todo el país espera un triunfo, ya no de etapa como era en los años 80 y 90, así como en la época del dopaje médico donde el gran Lance fue genio y figura, sino la victoria en los “Les Champs-Élysées”, el paseo de “La Castellana” o la prueba contra el reloj de alguna mítica ciudad del “antiguo imperio del César”, como nos acostumbraron en la década que se culmina.

Los triunfos de etapas de Fabio Parra, Luis Herrera, Alvaro Mejía, Oliverio Rincón, Félix Cárdenas, Víctor Hugo Peña, Santiago Botero, Mauricio Ardila y muchos otros pedalistas nacionales (perdón si no recuerdo a todos, Wikipedia los tiene), son historia patria y gloria de un pasado lindo, hermoso, con podio y montaña (pepas rojas) en el Tour, victoria en la Vuelta, con rostro ensangrentado para que la épica quedará en la historia…como exclamó el mejor narrador que ha parido esta patria y al que apodan el Poeta, por el gran Rubén Darío: ¡qué grande!


Hoy, los éxitos del gran Nairo Quintana (Giro, Vuelta y podios en Le Tour), Rigoberto Urán (podio en Giro y Tour), Egan Bernal (Campeón del Tour), Miguel Ángel López y Esteban Chávez (podios en Giro y Vuelta), sin olvidar las hazañas de uno de los “salvajes” del sprint como Fernando Gaviria y sus etapas en las diferentes clásicas y en las vueltas de tres semanas así como las etapas de muchas promesas y realidades como Higuita, Martínez, Anacona, Hodeg, entre otros, nos hacen pensar que no hay mejores ciclistas que los colombianos y que siempre debemos estar mínimo en el podio de las “tres grandes”, algo muy injusto porque los europeos, australianos, estadounidenses, también corren y muy bien, suben Los Alpes, Los Pirineos y demás cadenas montañosas del mundo, como Los Andes o Las Rocosas en América. 

Criticar a un ciclista porque no gana, porque no termina la carrera, porque no está en el Top-10 de una gran vuelta, no sólo es injusto, es infame, miserable. No reconocer todos los esfuerzos que hacen estos “locos” es de un mal ser humano, que no valora el profesionalismo y el riesgo que asumen todos los días, no sólo en una competencia, sino en sus jornadas de entrenamiento que, si se hacen en las montañas cafeteras, son un peligro por la imprudencia de los conductores y la falta de distancia entre los vehículos, que originan todos los días, miles de accidentes y muchas vidas perdidas. 

A los ciclistas no se les critica ni se les exige, se las apoya sin condiciones, con el mismo amor que le demostramos a nuestros padres, parejas e hijos, con la esperanza que la alegría de una etapa, un podio o un título nos permitiría sonreír y salir de la rutina diaria, es la competencia donde todos luchan y son compañeros de ruta, no hay enemigos, valores que en el deporte a veces se olvidan, pues como dijo el gran @UranRigo: “se nos exige más que a nuestros políticos”.

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