lunes, 2 de noviembre de 2020

La era de la extinción VI: fin y principio del trascender

#Chaquen

Escribir sobre el Barca de Pep Guardiola, para un madridista puede no ser grato, pero para un amante y observador del buen juego, es un placer, no sólo porque con algo tan simple como el fútbol se puede hacer poesía, sin pretender ser poeta, ni más faltaba, pero al menos desde la visión de cualquier parroquiano que ha malgastado su tiempo al frente de un televisor, viendo 22 tipos corriendo detrás de la pecosa.
El cisma provocado por Guardiola cuando asumió y empezó a deleitar con su buen juego con el Barcelona se trasladó a la selección de España, quién logró ganar algo: 2 títulos de la Euro y 1 Copa del Mundo, sumado a 2 UEFA Champions League con el cuadro catalán, varias ligas, copas, supercopas y mundiales de clubes.

Y cuando el buen juego se acompaña con títulos, pues que más se puede decir, ¡pues nada! y menos cuando la única forma de contrarrestarlo es el estilo guerrerista de Mourinho, que más que un DT exitoso, es toda una caja de música, por sus formas, estilo y porque dentro de todo, cuando no puede, rompe todo, pero a él y su antítesis le dedicaremos su espacio, como uno de los mejores.

La historia de Pep había quedado en la prolongación de la idea en tierras insospechadas: Alemania. El fútbol alemán siempre se caracterizó por dos cosas: el alto nivel físico y el éxito, después de uno que otro fracaso, tanto de la Mannschaft como del Bayern de München porque, aunque los germanos no lo reconozcan y traten de valorar a los equipos de la Bundesliga, la selección y el conjunto bávaro son el uno para el otro, son uno sólo.

La llegada de Guardiola, como reemplazo de Jupp Heynckes, 6 meses antes de terminar su contrato y en un año sabático para el entrenador catalán, no sólo era un desafío cuyo único objetivo era ganar, pues el Bayern llevaba una década siendo virreina en Europa. Lo curioso es que Heynckes se despidió ganando la orejona en 2012, en Londres antes su rival reciente: el revoltoso Borussia Dortmund dirigido por Jürgen Klopp.

Por supuesto, la vara era alta y redimir los títulos era el objetivo de corto plazo, que se consiguió en la Liga y Copa, pero que en la Champions nunca llegó a la final. Lo anterior podría considerarse un fracaso si no se pudiese redimir el título en la máxima categoría de Europa entre 2013-2016, pero el estilo impuesto al equipo, con el juego de posesión daría los réditos en la Copa Mundial de la FIFA en 2014.

Los críticos de Guardiola dirán… ¿Cómo se le ocurre decir esto? ¡es una Blasfemia! ¡Hereje! ¡A la hoguera! Pero no, lamento decirles que precisamente esa es la revolución del nuevo estilo que impera hoy, con ciertos matices pero que, como semilla, se difundió por todo el mundo. 

Como lo expresó el gran Diego Fernando Latorre, que en épocas de comentarista de la Premier League lograba el éxtasis con el brillante juego del Arsenal de “Arsenio”, Guardiola revolucionó el fútbol, trascendió en el sentido filosófico, pues muchos DT adoptaron su filosofía y buscaron jugar al estilo Pep, desde la posesión hasta la presión alta.

¿Quién sacó provecho de todo esto? Un tal Joachim Low, DT de la selección germana, que lo único que hizo fue amalgamar los buenos jugadores que siempre han tenido y ajustar las piezas, donde Toni Kroos manejaba los hilos, Neuer era el primer zaguero, Lahm era el líder laborioso, todo campista, Müller era el complemento de todos y Klose, hacía lo que le correspondía, a la alemana, meterla, y de qué manera: 1-7 frente al local y máximo favorito, un Brasil pálido, sin Neymar y entregado ante la aplanadora, que no sólo fue como los tanques de la segunda guerra mundial, denominados Panzer, sino porque en el juego, fue derrotado, humillado, como muchas veces la “canarinha” lo hizo con otros rivales, durante 60 años.

Después de eso, Alemania no es sólo visto por su efectividad, resumida en la frase de Gary Lineker, otrora goleador inglés de los ochenta y hoy, comentarista de TV: “el fútbol es un juego de 11 contra 11, donde siempre gana Alemania”. Hoy, tanto la Mannschaft como el Bayern (con N) son admirados por su poderío en el campo y por el buen juego, así como un trato especial por la pelota, algo impensado en un fútbol donde impera lo físico-atlético y de la cual, los alemanes siempre han sido sus grandes exponentes.

En la actualidad, a pesar de muchos -dentro de los que me incluyo-, el estilo Pep es un punto de referencia obligado para los equipos que basan su estilo en el juego de posesión y la presión alta, en el pase como el más importante y valioso recurso de un deporte de conjunto, donde es mejor llegar que estar y cuya materia prima es el tener jugadores de “buenas maneras” es vital, trascendiendo el sello y la marca PEP -expresada por el mejor relator-comentarista de la TV internacional como Miguel Simón-, es sencillamente única: PEP, només PEP.


 


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