#Nencatacoa
Con esta columna compruebo que a veces escribir es incómodo. Hay cosas de las que uno no quiere escribir, pero un impulso interno que no alcanzo a entender del todo me lo exige.
La actual emergencia sanitaria ha puesto a la humanidad en problemas que ninguna otra pandemia le había planteado, y un interrogante natural es cuánto durará esto ¿Será transitorio, de largo plazo, permanente, tal vez? Muchas personas tienen en el mes de diciembre un límite psicológico, a partir del cual la vida se resetea y lo malo de este año queda en el recuerdo de este año, como si un virus celebrará navidad en familia o tomara vacaciones.
Nadie conoce el futuro, tomamos decisiones con información del pasado, el equivalente a ir por una carretera con el panorámico tapado, tomando decisiones a partir de lo que nos muestra el retrovisor. Lo mejor que podemos hacer es proyectar escenarios a partir de la situación actual y los antecedentes. Me precio de decir que esto no me queda tan difícil por cuanto mi escritura no está direccionada por nada diferente a hacer algo para no aburrirme.
El covid es un virus, que tiene una alta capacidad de mutar al igual que el VIH y la gripe común. Sobre el VIH no hay una vacuna (hay medicamentos que detienen el avance del virus y tratamientos con células madre, con estos últimos se dice que se ha curado a dos personas, pero el resultado requiere tiempo para validarse) y sobre la influenza, es un virus que muta constantemente, por lo que las vacunas pierden utilidad al poco tiempo.
La investigación en virología, salvo para la elaboración de armas y la creación de medicamentos cuya venta sea altamente lucrativa para las farmacéuticas, no tiene mayores incentivos económicos y políticos, hasta ahora que el Covid afectó nuestra forma de vivir, y con ello el sistema socioeconómico.
Esta dejadez se puede ver desde varios puntos de vista, que planteo a continuación:
El primero son los pocos fondos que como sociedad le destinamos a la investigación, y más a la investigación seria, no a esa fábrica de salchichas que son los journals y que solo sirven para inflar el ego de unos cuantos “ñoños”, que se leen entre ellos para adularse de forma mutua.
En segundo lugar, la actividad económica privada tiene un movimiento de capitales en temas muy diferentes a la investigación en virología: Fútbol, moda, farándula, el lector es libre de hallar cuantos ejemplos le sea posible.
En tercer lugar, la investigación en tecnología se ha orientado hacia mejores celulares, carros, hasta en hacer mejores balones de fútbol; todo lo que comercialmente tenga salida y, obviamente, permita la sostenibilidad financiera.
Finalmente, pero no menos importante, el abandono a encontrar curas para el VIH, la gripe, el Ébola, y el SARS que apareció en el 2002. Al ser males que matan gays y prostitutas (según dice mucho ignorante) en el caso del VIH; gente pobre del África, en el caso del Ébola, y haber reducido su impacto por razones que poco se entienden aún, en el caso del SARS, nunca fue prioridad para la sociedad, aunar esfuerzos para entender mejor estas enfermedades y la forma de erradicarlas.
Con el Covid 19, que mata gente en París y Nueva York, que entorpece la vida y afecta el ciclo económico, así su tasa de mortalidad sea baja, el mundo se pone alerta. Los políticos, que a principios de este año hablaban de vacunas en un año, responden a afanes económicos y electorales, su misión es lanzar mensajes que le digan al mundo que todo va a mejorar, y mejorará pronto.
Estos personajes, los políticos, están acostumbrados a comprar todo: compran compañía, conciencias, amistades, bienes y servicios pero, al parecer poco entienden de ciencia, y creen que la ciencia se compra en tarritos y que solo es cuestión de ser el mejor postor para llevarse todos los tarritos. La ciencia requiere dinero, tiempo, interés, incentivos, y un poquito de suerte; más de un avance científico lo debemos a un afortunado accidente. La vacuna no va a llegar, porque para hacerla tendríamos que entender mejor el paradigma biológico de la gripe, del VIH, del SARS, y eso toma -como todo en la ciencia-, un requerimiento de tiempo, dinero, interés, incentivos y un poquito de suerte. Aparte de lo del dinero, es imposible que un político entienda de lo otro.
Tenemos dos opciones: o esto se queda con nosotros y seguimos en una dinámica similar a la que estamos, o de una forma lenta (solo la naturaleza conoce sus tiempos) y gradual los que no nos morimos generamos anticuerpos que hagan que el virus sea cada vez menos mortal. O, de alguna forma, el virus se cansa de “patearnos el trasero” y se va, momento en que saldrán los políticos de turno a decir que fue un logro gracias a su partido y a su entereza política, y que fue su gestión la que hizo al virus retroceder. Al momento en que se publica esta columna todas las vacunas que se prometieron como panaceas a principios de año, han sido descartadas o han presentado problemas que las han llevado a retroceder.
Ojalá una persona que sí sabe de virología lea esto y tenga la bondad de escribirme y decirme que estoy equivocado, que soy un ignorante y un irresponsable verbal. Ojalá, a través de un madrazo, ese crítico a este escrito me haga entender con argumentos que estoy equivocado y que no debo preocuparme. Porque la vacuna ya viene.
Quiero cerrar diciendo que la virgen, la esperanza, la fe, el capitán planeta y la confianza en los políticos no los considero argumentos. Gracias.
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