#Chaquen
Desde hace muchos años se ha escuchado que en Sudamérica están los mejores jugadores de fútbol del mundo y que gracias a los jugadores brasileños, argentinos, uruguayos -y uno que otro de los demás países-, el fútbol de las ligas europeas es tan bueno y atractivo para el público.
El tema es que los europeos aprendieron lo necesario para liderar las diferentes copas mundiales desde hace muchos años y la mayoría de las selecciones no sólo aprovechan el fútbol de intensidad física que se ve en las noches mágicas de la Champions o la velocidad que en Inglaterra o Alemania pregonan la mayoría de los equipos. Sencillamente, los clubes europeos encontraron en el fútbol de divisiones juveniles la forma para acortar las falencias de técnica que sobresalen en los jugadores sudamericanos y con disciplina y preparación, tanto las ligas como los seleccionados nacionales hoy exhiben un deporte atractivo: intensidad, posesión, técnica, disciplina, velocidad, precisión.
Lo triste es que mientras los europeos aprovechan la tecnología para mejorar el rendimiento de los deportistas, al otro lado del Atlántico el talento no sólo se fuga antes de los 20 años para cualquier parte del mundo, que ofrece un buen contrato, educación y un poquito más de calidad de vida, sino que el deporte de masas por excelencia se llenó de lo peor del mundo de los negocios: el extractivismo.
Cuentan los historiadores económicos que la mayoría de los países que tuvieron como eje fundamental de desarrollo la extracción de minerales, piedras preciosas y demás materias primas agrícolas o energéticas, son las que mayor inestabilidad económica y política han presentado a lo largo de los siglos y en algunos casos, muchos, de nada sirve tener “riqueza” si no se invierte en el futuro, pues la pobreza siempre está presente en la ciudadanía en general cuando los gobernantes de turno sólo favorecen a sus círculos cercanos de poder y toda esa riqueza termina en el exterior, a nombre de terceros (y no son las criticadas multinacionales).
En el fútbol suramericano pasa lo mismo, los mal llamados directivos de clubes o negociantes buscan los mayores beneficios al mínimo costo, lo cual no sólo lleva a que los jugadores jóvenes que aparecen busquen ser “vendidos” al fútbol europeo, al fútbol norteamericano o a donde sea, desde que llegue el billete verde. Pero no sólo es vender la “materia prima”, es la forma en que engañan a las hinchadas con falsas promesas de títulos, a punta del famoso “aguante”, lo cual ha sido bastante documentado con la problemática de las mal llamadas “barras bravas”, que no son nada diferente a delincuencia común disfrazada de hincha y siendo “el brazo armado” de los dirigentes, a cambio de boletas, camisetas y uno que otro negocio en los estadios (microtráfico de drogas, alcohol, atracos con arma blanca, logística, transporte, alimentación, etc.).
El tema es que el negocio no sólo tiene hinchas sido grandes audiencias y eso quedó demostrado con la pandemia, donde el fútbol, tanto en Europa como en América fue uno de los primeros sectores de la economía que volvió a labores después del “encierro”, pues los contratos de transmisión (TV, streaming) tenía unas cláusulas complejas, que obligaba a las federaciones y ligas a que las actividades retornaran sin público y bajo una burbuja sanitaria, pues la platica se podía perder si no continuaba el show.
El tema es que al menos en Europa los clubes invierten en sedes deportivas que aprovechan no sólo los planteles profesionales sino las divisiones menores y juveniles, con lo que fomentan el deporte y siembran la semilla de los futuros hinchas. Por estos lados, la plata no alcanza, los derechos de TV se renegocian a cada tanto, los jugadores se van jóvenes y cuando ya terminan sus carreras, algunos vuelven y otros buscan meterse en el negocio, como representantes de jugadores, directores técnicos o comentaristas de fútbol, pues las cadenas de radio y TV entendieron que los ex dan audiencia de corto plazo a cambio de mantenerlos vigentes.
Después de todo lo anterior, sólo se puede concluir que el fútbol aficionado es el mejor, donde la emoción y la competencia se mantiene viva, sin que el dinero esté presente como lubricante del negocio, pues de fútbol, poco y nada, sumado a que el nivel del fútbol suramericano es malo, deficiente, sólo de oleadas en Brasil, porque en el resto de los países, dan ganas de llorar, los partidos finales de la Copa Libertadores o Sudamericana lo reflejan, por lo que pasarse a las plataformas de streaming con alguna buena película o serie es una muy buena opción de entretenimiento. Y las selecciones, que dependen de los buenos jugadores en Europa, por más que intenten son muy poco lo que demuestran en cuanto a juego, basta recordar las dos últimas ediciones de la Copa América, pues se juega poco, aunque se les reconoce que corren y meten, dejan la piel en la cancha, pero sin demostrar las características que no han destacado a lo largo de la historia: el buen juego, la excelente técnica, el regate o la gambeta.
El fútbol suramericano es el reflejo de la sociedad actual: se juega mal, se corre y se lucha en una cancha, se vive mal, se madruga o trasnocha más de lo debido porque pagan para tener con que suplir las necesidades, el bienestar es una utopía.
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