“Tristeza não tem fim
Felicidade sim” Vinicius de Moraes
#Nencatacoa
Siempre he sido fanático de la selección brasilera de fútbol. Desde que tengo memoria, son innumerables los recuerdos de un Brasil que gana, al que le tienen miedo, que juega bien y que hoy lleva en su espalda cinco copas del mundo; un Brasil que juega bonito, y creo que eso es lo que más me gusta, que gana jugando bonito. Brasil es la selección más galardonada del mundo, y aquí invito al lector a que no se meta mentiras, el mundial es el mundial, lo demás es loma.
¿Por qué Brasil tiene tanto fútbol de calidad? Nadie lo sabe con certeza. Ningún análisis geográfico, cultural, económico ni político, ha explicado con una claridad contundente dicha particularidad. Lo cierto es que eso poco o nada importa, Brasil es un grande, un grande eterno, es como si siempre hubiese estado ahí, ganando, jugando bonito, enviando genios al resto del mundo.
Los colombianos, en materia de fútbol, nos pegamos de muy poquito. Asumimos como históricos resultados que apenas si son coyunturales y vemos clásicos donde no los hay; no soy la excepción. Para mí fue gol de Yepes, me encantó que Alemania le metiera siete a los Brasileros y Neymar me parece un payaso. Pero, más allá de eso, y de aquella nostalgia absurda sobre la cual todo tiempo pasado fue mejor porque sí y todas las versiones de la selección brasileña han sido mágicas menos ésta, Brasil va primero, invicto y nadie puede con él. No es posible, como auténtico fanático del fútbol, no ser fanático de la selección Verdeamarela, y mucho menos desconocer lo que a leguas salta a la vista, que es el rey de América y que el quitar de una patada al impostor que esté sentado en el trono de rey del mundo es tal solo cuestión de tiempo.
Espero que clasifiquen, que jueguen bonito y que ganen. Como escribió Vinicius de Moraes “La felicidad de los pobres parece la gran ilusión del carnaval”. En materia de fútbol, soy un pobre esperando esa felicidad que solo sabe darme el carnaval del mundial de fútbol, espero que el exceso de reflexión nunca me arrebate ese placer.
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