#Chaquen
Por estos días de la larga pandemia, en una cadena de suscripción de TV satelital, ante la escasez de eventos deportivos por temas de derechos revivieron los anteriores mundial de la FIFA y en agosto empezaron a revivir los clásicos Real Madrid vs Barcelona en el nuevo milenio, partidos que marcaron una era de dominio europeo y español, con alternancia entre los dos antes del predominio de la Premier League y de las esporádicas apariciones de equipos italianos, alemanes y portugueses.
Por estos días de la larga pandemia, en una cadena de suscripción de TV satelital, ante la escasez de eventos deportivos por temas de derechos revivieron los anteriores mundial de la FIFA y en agosto empezaron a revivir los clásicos Real Madrid vs Barcelona en el nuevo milenio, partidos que marcaron una era de dominio europeo y español, con alternancia entre los dos antes del predominio de la Premier League y de las esporádicas apariciones de equipos italianos, alemanes y portugueses.
Ver fútbol retro es un “reto”, no sólo porque el contexto anterior fue diferente sino porque aparece la eterna discusión entre lo moderno y lo antiguo, sin ponerse de acuerdo que fue mejor. Pero los que tuvimos la fortuna de disfrutar de lo antiguo en plena adolescencia (sin HD) y disfrutamos de lo actual, podemos diferenciar entre el fútbol como espectáculo de pasiones y el fútbol como entretenimiento.
Antes, el fútbol era un espectáculo que permea las esferas políticas, económicas y sociales, un deporte de masas, donde los mundiales de la FIFA lograban acaparar la atención de todo el mundo cada cuatro años y donde los torneos de selecciones nacionales organizados por la Conmebol o la UEFA cada dos años, eran la puesta a punto para el siguiente mundial o la revancha a nivel regional, ante un mal resultado en la Copa del Mundo anterior. El fútbol de clubes era local y los eventos internacionales que se disfrutaban dependían de la famosa “perubólica” o de algún compatriota que triunfaba en tierras lejanas y que obligaba a la TV nacional a comprar derechos esporádicos de algún partido de liga o copa.
El fútbol argentino y brasilero eran de postín y en la Copa Libertadores de América nuestros cracks brillaban buscando la gloria con un traspaso a tierras italianas, españolas, francesas o alemanas. En Europa, la liga italiana mandó en los años ochenta y noventa, la liga española fue el centro de atención de la era galáctica en la primera parte de la primera década del siglo XX hasta que la liga inglesa se popularizó y volvió esto una industria del entretenimiento mundial, iniciando por las giras de pretemporada en Asia, seguido de un partido a primera hora del día (para ellos mediodía), cuyo mercado televisivo era Japón, China, India y demás imperios de oriente, ya en la era satelital.
Antes, el fútbol era los domingos en la tarde (no importa donde viviera), como un plan familiar donde ir al estadio era un lujo y el radio era el aliado principal para escuchar las incidencias de un cotejo. La TV era para los juegos de la selección nacional en torneos oficiales, así como la participación de los mejores equipos nacionales en los eventos organizados como la Copa Libertadores, la Copa Conmebol, la Supercopa, para el caso sudamericano, mientras que en Europa la liga local transmitía uno o dos partidos por TV pública y los especiales con los resúmenes y goles de la fecha eran la posibilidad de acceder a las incidencias del deporte rey.
Hoy el balompié, como dirían los españoles, es una gran industria del entretenimiento, que mueve trillones de euros o dólares en publicidad, derechos de TV, transferencia de jugadores, inversiones desde la industria petrolera de medio oriente hasta grandes magnates de todo tipo de industria. Un fin de semana, iniciando el viernes por la tarde y terminando el domingo, puede poner en la parrilla televisiva fácilmente entre 30 y 40 partidos de Inglaterra, Alemania, España, Italia, Francia y Portugal, sin contar con la liga de Turquía, que algún canal empezó a transmitir por TV ni las transmisiones por internet de ligas poco conocidas como la de Rusia, Bielorrusia, Croacia, Serbia, Polonia, por mencionar algunos europeos o las exóticas ligas de oriente como la de Japón, China, India y demás.
Gracias a la industria del entretenimiento, la pandemia fue suavizada por los cierres de ligas europeas entre mayo, junio y julio y la transmisión de partidos todo el tiempo y a toda hora. En agosto, la definición de los torneos UEFA (Champions y Europa League) hacen que los días sean más cortos, sobre todo para los que la están pasando mal por el encierro y las condiciones económicas que viven, pero termina siendo un bálsamo ante la situación que se vive y con la amenaza del pico epidemiológico y de los rebrotes.
Pero tranquilos, el telón no baja, en septiembre y octubre inicia una nueva temporada, las selecciones nacionales empiezan algunos eventos y todo sigue como si nada, como si no importara nada, así los estadios estén vacíos, como dirían los gringos: el show debe continuar.
La discusión entre lo moderno y lo antiguo seguirá, al final es fútbol, lo menos importante de lo verdaderamente importante, pero que nos atrapa en una pantalla, así los nuestros no jueguen y seguimos discutiendo si Messi o Maradona, Neymar, Ronaldinho o Pelé, Mbappé, Zidane o Platini, cuando al final eso no importa, lo que importa es disfrutar y verlo con la misma pasión con la que vivimos la vida, donde unos pierden y otros sufren.
Antes, el fútbol era un espectáculo que permea las esferas políticas, económicas y sociales, un deporte de masas, donde los mundiales de la FIFA lograban acaparar la atención de todo el mundo cada cuatro años y donde los torneos de selecciones nacionales organizados por la Conmebol o la UEFA cada dos años, eran la puesta a punto para el siguiente mundial o la revancha a nivel regional, ante un mal resultado en la Copa del Mundo anterior. El fútbol de clubes era local y los eventos internacionales que se disfrutaban dependían de la famosa “perubólica” o de algún compatriota que triunfaba en tierras lejanas y que obligaba a la TV nacional a comprar derechos esporádicos de algún partido de liga o copa.
El fútbol argentino y brasilero eran de postín y en la Copa Libertadores de América nuestros cracks brillaban buscando la gloria con un traspaso a tierras italianas, españolas, francesas o alemanas. En Europa, la liga italiana mandó en los años ochenta y noventa, la liga española fue el centro de atención de la era galáctica en la primera parte de la primera década del siglo XX hasta que la liga inglesa se popularizó y volvió esto una industria del entretenimiento mundial, iniciando por las giras de pretemporada en Asia, seguido de un partido a primera hora del día (para ellos mediodía), cuyo mercado televisivo era Japón, China, India y demás imperios de oriente, ya en la era satelital.
Antes, el fútbol era los domingos en la tarde (no importa donde viviera), como un plan familiar donde ir al estadio era un lujo y el radio era el aliado principal para escuchar las incidencias de un cotejo. La TV era para los juegos de la selección nacional en torneos oficiales, así como la participación de los mejores equipos nacionales en los eventos organizados como la Copa Libertadores, la Copa Conmebol, la Supercopa, para el caso sudamericano, mientras que en Europa la liga local transmitía uno o dos partidos por TV pública y los especiales con los resúmenes y goles de la fecha eran la posibilidad de acceder a las incidencias del deporte rey.
Hoy el balompié, como dirían los españoles, es una gran industria del entretenimiento, que mueve trillones de euros o dólares en publicidad, derechos de TV, transferencia de jugadores, inversiones desde la industria petrolera de medio oriente hasta grandes magnates de todo tipo de industria. Un fin de semana, iniciando el viernes por la tarde y terminando el domingo, puede poner en la parrilla televisiva fácilmente entre 30 y 40 partidos de Inglaterra, Alemania, España, Italia, Francia y Portugal, sin contar con la liga de Turquía, que algún canal empezó a transmitir por TV ni las transmisiones por internet de ligas poco conocidas como la de Rusia, Bielorrusia, Croacia, Serbia, Polonia, por mencionar algunos europeos o las exóticas ligas de oriente como la de Japón, China, India y demás.
Gracias a la industria del entretenimiento, la pandemia fue suavizada por los cierres de ligas europeas entre mayo, junio y julio y la transmisión de partidos todo el tiempo y a toda hora. En agosto, la definición de los torneos UEFA (Champions y Europa League) hacen que los días sean más cortos, sobre todo para los que la están pasando mal por el encierro y las condiciones económicas que viven, pero termina siendo un bálsamo ante la situación que se vive y con la amenaza del pico epidemiológico y de los rebrotes.
Pero tranquilos, el telón no baja, en septiembre y octubre inicia una nueva temporada, las selecciones nacionales empiezan algunos eventos y todo sigue como si nada, como si no importara nada, así los estadios estén vacíos, como dirían los gringos: el show debe continuar.
La discusión entre lo moderno y lo antiguo seguirá, al final es fútbol, lo menos importante de lo verdaderamente importante, pero que nos atrapa en una pantalla, así los nuestros no jueguen y seguimos discutiendo si Messi o Maradona, Neymar, Ronaldinho o Pelé, Mbappé, Zidane o Platini, cuando al final eso no importa, lo que importa es disfrutar y verlo con la misma pasión con la que vivimos la vida, donde unos pierden y otros sufren.
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