sábado, 15 de agosto de 2020

Malo pero Bueno – El nirvana de la ambigüedad

#Bochica

Cuando era más joven pensaba que uno de los propósitos de la vida era lograr responder la mayor cantidad de preguntas de una forma binaria, es decir, sí o no. Esta motivación surge en parte porque pensaba que al lograr dividir la realidad o el mundo entre malo o bueno, sí o no, benéfico o perjudicial, facilitaba el progreso de mi formación personal. Lo anterior, en la medida en que me permitía concentrar mi atención en aquellas cosas que en ese momento evaluaba como positivas. Asimismo, dado nuestro pasado salvaje era de vida o muerte distinguir si algo era bueno o malo y por lo tanto aún hoy nuestro instinto nos empuja a encontrar una respuesta cerrada.
A su vez, no solo en el mundo de ahora, sino en el de siempre, nuestra sociedad siempre ha buscado categorizar eventos, hechos, conocimiento, gustos, preferencias, entre aquellas deseables y las no deseables. Por supuesto, los patrones y lo que llamamos malo o bueno siempre cambia con el paso de los años; la moral, la cultura e inclusive el avance científico moldean estos dos conceptos para adaptarse a un contexto.

Sin embargo, con el paso del tiempo me fui dando cuenta que a la realidad le importa un comino nuestras categorías, la realidad es compleja y pensar qué podemos dividirla con palabras y con conceptos puede ser inclusive un insulto a la inteligencia de nuestra especie.

En mi caso la epifanía llegó mediante el mundo del cine. La serie de películas de John Wick a todas luces no va a ganar ningún premio Óscar, o un Oso de oro, o cualquier otro de esos eventos de premiación. De hecho, la historia es simplista, la trama es lineal, la motivación del protagonista es ridícula, los malos no tienen ningún sentido, en fin, bajo muchas métricas no podría considerarse una película digna del “séptimo arte”, en otras palabras, es una mala película.

Pero, no puedo negar que es una de las películas que más he disfrutado lo cual genera una paradoja, porque reconozco que la película es mala pero aun así la considero buena; al igual que el gato de Schrödinger, esta producción está en un estado ambivalente, es mala pero buena.

A la fecha, pienso que reconocer y administrar la ambigüedad nos lleva a un estado de nirvana porque, al igual que en los viejos proverbios budistas e hindúes, debemos separar nuestras percepciones de la naturaleza de las cosas y quizás esto nos lleve a un mundo más rico, lleno de posibilidades, en donde la ambigüedad da espacio el pensamiento crítico y al reconocimiento de que el mundo no es blanco y negro.

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