#Nencatacoa
La RAE define el amor como un “sentimiento de afecto, inclinación y entrega a alguien o algo”, que nos lleva a desearle bienestar a otra persona y en ocasiones realizamos acciones para que dicho bienestar se materialice; nos sentimos mal cuando a la persona que amamos no le va bien. Quiero poner de manifiesto la importancia del amor para la supervivencia de la humanidad, más allá de razonamientos obvios y utópicos.
Para la neurología los sentimientos están determinados por las emociones
que ante un estímulo se generan como producto de nuestra información genética y
las experiencias vividas; de este modo, el olor a una determinada fruta puede
evocar un buen recuerdo y con ello un sentimiento agradable para alguien, y
puede ocasionar una reacción totalmente opuesta para alguien a quien dicho olor
le evoque un muy mal recuerdo. Si esto es cierto, los seres humanos somos
complejos, pero no complicados, nuestro comportamiento está determinado por
nuestra genética, nuestra crianza y nuestras experiencias de vida.
Por otro lado, se afirma desde la biología que los animales carecen de lo que denominamos malicia, y que su comportamiento depende de su instinto y de sus experiencias; así, un perro puede ser manso, violento o temeroso dependiendo de su crianza. ¿Si esto es cierto, qué nos hace pensar que somos diferentes a los animales?, ¿no sería científicamente factible pensar en el mal como la manifestación en actos de cierto tipo de sentimientos? La envidia, la agresión, y muchas otras prácticas que consideramos como malas son llevadas a cabo por los individuos como una respuesta a sentimientos ocasionados por una emoción, la cual es producto de su experiencia particular. En ese sentido, es lógico pensar que la generación de contextos apropiados, donde los seres humanos generen emociones placenteras ante el bienestar del prójimo, debería ser un objetivo primordial de las políticas públicas. Un hecho que refuerza esta idea es el trabajo de Esther Duflo y Abhijit Banerjee, que los hizo acreedores al premio Nobel de Economía, y que pone de manifiesto dos cosas: la primera, que la ciencia económica ha sido productora de teorías muy refinadas, pero de una utilidad discutible y un alcance explicativo discreto; en segundo lugar, que indudablemente el hombre es un producto cultural y será lo que la sociedad haga de él. Los grandes problemas de la humanidad no tienen su génesis en la escases de recursos económicos, sino en la escases de recursos emocionales, una persona puede tener todos los recursos económicos necesarios y ser un elemento nocivo en la sociedad, producto de una crianza emocionalmente carente.
El mundo necesita más amor, esa es una idea obvia. Con las ideas útiles usualmente suceden dos cosas, la primera es que resultan obvias una vez se establecen, porque siempre las tuvimos en la nariz, y la segunda es que nos hacen sentir tontos, porque no tuvimos la agudeza de verlas antes a pesar de tenerla en frente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario