#Bochica
La capacidad de convencimiento de un economista es para llorar de la
risa. Más aún, la economía no convenció a nadie, nunca. A diferencia de
otras disciplinas, dónde la mayoría tienen criterios claros para saber
qué es cierto o no; qué está bien o mal; e inclusive están de acuerdo
sobre cómo saber cuándo no están de acuerdo. En economía hay muy pocos
consensos, y en esos pocos no se ha logrado convencer a la sociedad
sobre cómo implementar políticas para llegar a una solución o a un
estado mejor.
Para dar perspectiva a esta problemática, empecemos por el principio
¿qué es la economía? El lector podrá encontrar múltiples definiciones,
por ejemplo, algunos dicen que es el estudio de incentivos, otros qué es
la administración de recursos escasos; “los de derecha” dirán que es el
estudio del crecimiento, “los de izquierda” que es el análisis del
bienestar y el desarrollo. Dependiendo a qué “clásico” le enciendan una
vela, dirán que el corto plazo es lo importante, otros que el largo
plazo; que el mercado es el mejor mecanismo de distribución, otros
prefieren un planificador central.
Sin embargo, en ningún caso hay un consenso general sobre qué es la
economía o cuál es su propósito, su meta final. Entonces, si no se tiene
ni siquiera claro el punto de partida inicial como espera la economía
encontrar soluciones si no saben ni siquiera cuál es el problema de
estudio.
Ahora bien, alguien podría argumentar que al igual a lo observado en
otras disciplinas, en economía existen diferentes especializaciones,
algunos economistas prefieren estudiar el mercado laboral, otros
prefieren estudiar el sistema financiero, otros se concentran en
política fiscal y esquemas tributarios, en fin… No obstante, con
diferentes líneas de trabajo en paralelo es aún más triste que no se
haya llegado a un consenso en al menos una cosa.
Para que la economía esté a la altura de ciencias o disciplinas como la
ingeniería, la física, las matemáticas, la química o la biología, se
necesita que haya un aporte concreto o al menos que la economía
solucione un problema.
También puede existir el contraargumento de que al momento que un
economista quiere volver realidad un modelo teórico o implementar algún
mecanismo se “estrella” con la Política. Y en esa estrellada, es cuando
se “ensucia” la posible solución porque los políticos o el proceso
político lleva a que se mezclen otros intereses.
Sin embargo, este argumento me parece perezoso y carente de sentido. Por
ejemplo, al momento de hacer una vía que conecta dos regiones de un
país puede haber un proceso político en el cual se discuta qué
poblaciones se van a conectar, cuántos peajes debería haber, entre otros
aspectos. Pero nunca se discute cuáles son los materiales con los que
se debe construir la vía, cuál es la carga estructural que va a
soportar, es decir, la parte técnica de hacer la vía, sin importar por
donde pase, es un asunto que la ingeniería civil ya convenció a la
sociedad que no debe discutirse. El ingeniero civil es el que sabe cómo
hacer una vía.
Si el lector cree que estoy siendo pesimista con la economía lo invito a hacer las siguientes reflexiones: La primera es que imagine los diferentes ámbitos donde participa un economista y se pregunte si no hay otra disciplina que lo puede hacer mejor. Por ejemplo, si decimos que la economía estudia incentivos, claramente, un psicólogo es mejor en eso que un economista.
Finalmente, la segunda reflexión es dónde está la respuesta, unificada, como disciplina, de los economistas ante la pregunta ¿la educación debería ser gratis?
Si el lector cree que estoy siendo pesimista con la economía lo invito a hacer las siguientes reflexiones: La primera es que imagine los diferentes ámbitos donde participa un economista y se pregunte si no hay otra disciplina que lo puede hacer mejor. Por ejemplo, si decimos que la economía estudia incentivos, claramente, un psicólogo es mejor en eso que un economista.
Finalmente, la segunda reflexión es dónde está la respuesta, unificada, como disciplina, de los economistas ante la pregunta ¿la educación debería ser gratis?
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