martes, 25 de agosto de 2020

¿Los economistas sobran?

#Bochica

La capacidad de convencimiento de un economista es para llorar de la risa. Más aún, la economía no convenció a nadie, nunca. A diferencia de otras disciplinas, dónde la mayoría tienen criterios claros para saber qué es cierto o no; qué está bien o mal; e inclusive están de acuerdo sobre cómo saber cuándo no están de acuerdo. En economía hay muy pocos consensos, y en esos pocos no se ha logrado convencer a la sociedad sobre cómo implementar políticas para llegar a una solución o a un estado mejor.
Para dar perspectiva a esta problemática, empecemos por el principio ¿qué es la economía? El lector podrá encontrar múltiples definiciones, por ejemplo, algunos dicen que es el estudio de incentivos, otros qué es la administración de recursos escasos; “los de derecha” dirán que es el estudio del crecimiento, “los de izquierda” que es el análisis del bienestar y el desarrollo. Dependiendo a qué “clásico” le enciendan una vela, dirán que el corto plazo es lo importante, otros que el largo plazo; que el mercado es el mejor mecanismo de distribución, otros prefieren un planificador central.
 
Sin embargo, en ningún caso hay un consenso general sobre qué es la economía o cuál es su propósito, su meta final. Entonces, si no se tiene ni siquiera claro el punto de partida inicial como espera la economía encontrar soluciones si no saben ni siquiera cuál es el problema de estudio.
 
Ahora bien, alguien podría argumentar que al igual a lo observado en otras disciplinas, en economía existen diferentes especializaciones, algunos economistas prefieren estudiar el mercado laboral, otros prefieren estudiar el sistema financiero, otros se concentran en política fiscal y esquemas tributarios, en fin… No obstante, con diferentes líneas de trabajo en paralelo es aún más triste que no se haya llegado a un consenso en al menos una cosa. 
 
Para que la economía esté a la altura de ciencias o disciplinas como la ingeniería, la física, las matemáticas, la química o la biología, se necesita que haya un aporte concreto o al menos que la economía solucione un problema.
 
También puede existir el contraargumento de que al momento que un economista quiere volver realidad un modelo teórico o implementar algún mecanismo se “estrella” con la Política. Y en esa estrellada, es cuando se “ensucia” la posible solución porque los políticos o el proceso político lleva a que se mezclen otros intereses. 
 
Sin embargo, este argumento me parece perezoso y carente de sentido. Por ejemplo, al momento de hacer una vía que conecta dos regiones de un país puede haber un proceso político en el cual se discuta qué poblaciones se van a conectar, cuántos peajes debería haber, entre otros aspectos. Pero nunca se discute cuáles son los materiales con los que se debe construir la vía, cuál es la carga estructural que va a soportar, es decir, la parte técnica de hacer la vía, sin importar por donde pase, es un asunto que la ingeniería civil ya convenció a la sociedad que no debe discutirse. El ingeniero civil es el que sabe cómo hacer una vía.

Si el lector cree que estoy siendo pesimista con la economía lo invito a hacer las siguientes reflexiones: La primera es que imagine los diferentes ámbitos donde participa un economista y se pregunte si no hay otra disciplina que lo puede hacer mejor. Por ejemplo, si decimos que la economía estudia incentivos, claramente, un psicólogo es mejor en eso que un economista.

Finalmente, la segunda reflexión es dónde está la respuesta, unificada, como disciplina, de los economistas ante la pregunta ¿la educación debería ser gratis? 

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