#Chaquen
Hablar de Cataluña es hablar del Barça, cuyo fútbol deslumbró a muchos a inicios de los noventa y a mediados del 2000 y que siempre ha sido reflejo de independencia y buenas cosas. No conozco ni Barcelona ni España, sólo he salido del país una vez en mi vida y aunque la pandemia nos hace añorar el viajar por todo el mundo y hacer lo que no podemos hoy, algún día espero ir a un clásico español. Tampoco soy hincha culé, pero no puedo negar que, aunque sigo al conjunto merengue, trato de no perderme los partidos del Barca cada fin de semana, una cita obligada por el buen fútbol de siempre y hoy, por la magia de Messi.
Mis recuerdos del Barcelona como equipo se remontan al famoso Dream Team, comandado por el gran Johan Cruyff en los noventa y que ganó una liga de campeones de Europa en el año 1992 con gol de Ronald Koeman, hoy el más firme candidato para ocupar el banquillo blaugrana. De ese equipo recuerdo a un genio de la definición como Romario, el bajinho, quien brilló en la Copa del Mundo de la FIFA en EE. UU. de 1944 y que cuando estaba en el área, era un depredador, que definía como nadie y que hizo popular su remate de puntazo. Por supuesto, en esa banda estaban el búlgaro Hristo Stoichkov, Andoni Zubisarreta, Josep Guardiola, José María Baquero y el danés, Michael Laudrup, todos cracks; aunque mis recuerdos son vagos, uno de mis hermanos se hizo ferviente hincha, por el estilo de juego, fiel reflejo del romanticismo de los ochenta y noventa.
Pero ese equipo cierra con la derrota ante el poderoso AC Milán en la final de la Champions League de 1994, un proceso de reingeniería, iniciado por Cruyff y seguido por Robson y Louis van Gaal, quién ganó el título con el Ajax en 1995, con una base de jugadores muy jóvenes que serían figuras del fútbol neerlandés y mundial como Seedorf, Kluivert, Davids, Overmars, van der Sar y liderados en la cancha por Frank Rijkaard, en sus últimos años y después de ser uno de los estandartes de todopoderoso Milán.
Quizás el legado del Van Gaal es muy discutido en la afición catalana, porque no logró la Champions y porque sus títulos locales siempre fueron discutidos, pues el Real Madrid no peleaba y los rivales a vencer eran el Deportivo de La Coruña (el Super Depor) y el Valencia, de la mano del argentino Cúper y después, por Rafa Benítez. El Real Madrid dominaba Europa, a pesar de la salida constante de entrenadores y la llegada de la era galáctica, encabezada por el “pesetero traídor”, como denominan los barcelonistas al gran Luis Figo.
Pero ese legado va mucho más allá: con van Gaal debutaron en el equipo profesional Xavi Hernández, a quién el mundo del fútbol le debe un balón de oro, Carles Puyol, Víctor Valdés y Andrés Iniesta, entre otros y cuyo legado quedó en la historia, pero más adelante.
Lo cierto es que la gestión de van Gaal giró en torno a su mala relación con las figuras como Rivaldo y Riquelme, señores jugadores de fútbol, pero dentro del juego de posesión implementado por los neerlandeses desde aquel fútbol total de los años setenta, no sumaban, es decir, no colaboraban en las labores defensivas, que tanto obsesionaban al entrenador. Nadie niega la calidad de Rivaldo, campeón del mundo de la Copa Mundial de la FIFA en 2002 ni el talento de Juan Román en Boca Juniors, múltiple campeón de América y del mundo, pero que, en el fútbol de hoy, donde el estado atlético es más importante que el mismo juego, no llegaría a Europa, fracasarían en el intento ó terminarían en países emergentes, eso sí, ganando muy buen dinero.
La semilla implementada por van Gaal, no sólo la aprovecharía inicialmente Frank Rijkaard con la magia de Ronaldinho, apodado Jar Jar Binks por el gran relator chileno @LuisOmarTapia sino que años después, Pep Guardiola la lleva a su máxima expresión, cuando un tal Lionel Messi irrumpe en el mundo, para llegar al olimpo del fútbol. Pero no es sólo cuestión de juego, es un tema de liderazgo que hoy es el principal problema, porque la mayoría de los jugadores que Van Gaal ha hecho debutar, no sólo juegan bien, que quizás no sea su mérito, sino que son líderes en la cancha, como lo veremos en la segunda parte de este escrito.
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