lunes, 21 de septiembre de 2020

La insoportable fatiga de la ausencia

 

#Nencatacoa

 

Cuando alguien cercano y querido se va, una avalancha de sentimientos copa el corazón, como cuando se deja la llave del grifo abierta y el platero se satura y se llena.


Escuchamos la gotera: clic … clic … clic … clic, ese sonido del agua, saliendo a gotas de un recipiente que tiene más contenido del que puede soportar; y sentimos una irremediable necesidad de desocuparlo, el vaso recipiente lleno de muchas cosas: odio, cariño, rabia, tristeza, amor; para lo que importa, el cuerpo solo sabe que hay más de lo que cabe, y en una torpe reacción biológica el cuerpo cree que el exceso realmente es de agua, y lloramos como si llorar sirviera, como si ante la imposibilidad de vaciar el vaso la mímica ayudara a consolar, es como putear al televisor sabiendo que los jugadores no escuchan, del mismo modo se llora, pero el vaso sigue lleno.  

 

Cuando alguien cercano y querido se va, él no sabe que se ha ido, la palabra descanso eterno es lo más elocuente que ha dicho la religión, ese ser ha descansado de su condición de humanidad, de una situación en la que es susceptible de sufrir, ha alcanzado el estado más puro y sublime posible, el de la nada, y como en un equilibrio que se aferra a permanecer, al desocuparse deja un exceso en los que lo quieren, en lo que lo piensan, nivelando cargas; ese exceso no es sólido, al contrario, se diluye, pasma nuestra conciencia y nuestras posibilidades emocionales, no lo vemos ni lo saboreamos, solo lo percibimos, y pesa mucho.

 

Cuando alguien cercano y querido se va, pesa la nada, pesa la ausencia, pesa la desaparición de aquel o aquella que dejó en nosotros experiencias y que, por lo tanto, le debemos, para bien o para mal, una parte de lo que somos.

 

Cuando alguien cercano y querido se va, la insoportable fatiga de la ausencia se nos presenta y nos recuerda que hay en este mundo un poco menos de nosotros, de nuestro recorrido; nos avisa que hemos presenciado la desaparición de una parte de nuestra propia existencia.


No hay comentarios:

Publicar un comentario