lunes, 12 de octubre de 2020

La era de la extinción III: La muerte del “killer”

#Chaquen


En la era del juego de posesión, el salir jugando desde atrás, donde los centrocampistas de marca son el fundamento de la transición defensa-ataque y la recuperación del balón se da por la ocupación de los espacios, donde el portero debe jugar con los pies, así ataje lo mínimo, una de las preocupaciones de largo plazo es la poca efectividad de los delanteros y la desaparición de los famosos “killers” o centros delanteros.

El número “9” ha sido siempre una rara especie que ha perdurado a través del tiempo y al ser los encargados del gol, siempre han sido centro de atención de la prensa y del juego, donde su efectividad se mide por el promedio de gol por partido o por minutos jugados, pero, sobre todo, por los goles decisivos en partidos importantes, como la clasificación a un mundial, la final de una copa regional, el gol definitivo de la final o el último penal de una serie de definición.

Siempre el delantero centro era un jugador alto, que se fajaba con los zagueros centrales a codazo limpio, que anotaba goles de cabeza en los lanzamientos a balón parado (la táctica fija de antes, hoy acciones a balón parado o ABP), que remataba a la cabeza del portero sin mirar otras opciones, que era egoísta como ninguno y cobraba no sólo un buen contrato sino por goles marcados. Por supuesto, si el goleador era del Cono Sur o con facha de europeo, es decir, con presencia y plata, facturaba también después de los partidos en las noches con las féminas.

Hoy, los delanteros no son matadores, son jugadores de circuito, algo que, para los nostálgicos y románticos del fútbol de los ochenta, noventa e inicios del nuevo milenio, es algo inadmisible. La técnica antigua era rematar y celebrar, hacerse un lugar en el área, pero los tiempos han cambiado y el fútbol actual no sólo implica que hagan goles, sino que entren en el circuito de juego, que sirva de pivote para el compañero de ataque, que cobren tiros libres con clase, que ocupen la posición del armador de juego, para que los delanteros por los extremos ocupen el espacio de gol, ante la distracción.

El centro delantero de hoy, muchas veces abusa de su capacidad técnica y en algunos casos, quiere sacarse a todos los rivales y llegar al arco, tocando como si fuera una sinfonía, algo maravilloso para el juego, pero criminal cuando se da y no se da: si se logra, todos enloquecen y el bullying es del otro mundo, pero si no se logra, el putazo no se hace esperar y se añora al definidor, al que tiene la mente fría para rematar, así falle, pero que no se pone con pendejadas.

Lo curioso de esta era de extinción es que todo comenzó con un experimento que Guardiola (si, otra vez Pep) rescató de los años sesenta: el falso 9. Sala i Martín, economista catalán, en su libro Economía en Colores dedica parte de uno de los capítulos a resaltar la gesta de Messi frente al Real Madrid, pues aquel 2 de mayo de 2009, el Barca sentenció La Liga 2008-2009 con un contundente 2-6 en el mismísimo Santiago Bernabéu, con Eto’o de delantero por derecha, Henry por la banda izquierda y el gran Lio como centro delantero. En esa temporada, el cuadro blaugrana conseguiría el sexteto (Liga, Copa, Supercopa en España, Champions y Supercopa en Europa, Mundial de Clubes), algo pocas veces visto en la historia del fútbol mundial.

Desde ese momento, todos tratan de emular lo que hizo Pep, que el juego impere sobre cualquier otra forma de ganar, algo plausible y bello, pero que a veces empalaga, pues un buen delantero centro no puede desaparecer; un Müller (Gerd), Kempes, Rossi, Gareca, Careca, Voeller, van Basten, Klinsmann, Ravanelli, Weah, Vieri, Batistuta, Crespo, Ronaldo, van Nistelrooy, Zlatan o el mordelón Suárez siempre deben estar en un equipo que quiera ganar, los goles se hacen rematando al arco, no todo puede ser “llegar es mejor que estar” y no todos son tan "calidosos" y goleadores como Cristiano, Benzema, Lewandowski.

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