miércoles, 7 de octubre de 2020

La era de la extinción: un primer momento

#Chaquen

El fútbol del siglo XXI tiene dos grandes características: el juego de posesión y la presión alta. Lo anterior no es nuevo, pues cuentan los historiadores que, en los años 80 del siglo XX, el juego de posesión no es más que la evolución de lo que se conoció como la zona, cuyo gran exponente fue el Milán de los “holandeses”, al mando de Arrigo Sacchi y Fabio Capello. Por su parte, el concepto de presión alta no es más que la forma moderna de rebautizar al famoso pressing, implementado en Colombia en la época de Ricardo De León desde el concepto de recuperación en zona, variante quizás del invento de marca sobre el jugador que tiene la pelota, característico de la escuela de Rinus Michel del “Fútbol Total” de la inolvidable Naranja Mecánica de los años 70 y que, para infortunio del deporte, no ganó nada en títulos, pero que marcó el inicio del fútbol moderno.

Quizás cometo imprecisiones en lo afirmado anteriormente, pero al final, la característica principal del fútbol de hoy es la capacidad atlética de los jugadores, que compensan las fallas técnicas con el sacrificio necesario para ocupar espacios, “marcar” a un jugador rival, cumplir con las obligaciones de un sistema táctico defensivo -per se- pero sin olvidar el ataque, donde los jugadores de dos áreas (box-to-box) son claves para cualquier equipo, pues su labor defensiva es reconocida pero las labores ofensivas son las que marcan el rumbo del juego.

Y dentro de esa evolución del fútbol moderno, una de las posiciones que poco a poco se extingue es el centrocampista de marca o popular “5” como se le conoce en el Cono Sur (en Colombia se conoció como el “#6”), pues todos los que ocupan esa zona del campo deben tener dos requisitos: visión de juego y sacrificio, sin que esta última característica implique una efectiva labor de recuperación del balón.

En épocas pasadas, el “5” debía ser malo y tener cara de malo (como diría el gran @MarcePalacios) pero hoy, se privilegia el juego, el ser el eje, el que distribuye, saca al equipo de la fase defensiva y con pases filtrados o cambios de frente u orientación, son la base de la transición defensa-ataque. Y esto surge, porque el juego de posesión exitoso del Barcelona 2008-2012, impuesto por el gran ladrón de ideas, como se autodenomina Pep Guardiola, tenía los jugadores para implementarlo: de la sapiencia de Xavi Hernández, la magia de héroe inesperado como Andrés Iniesta, la velocidad de Eto’o o Henry y la efectividad de un tal Lionel, el Mesías, todo era posible, a pesar que Busquets, quién ocupa esa posición en el campo de juego, siempre jugaba bien, hacía la labor básica de un centrocampista central: recuperar y entregar, pero no brillaba, aunque como en una orquesta, su nota hacía parte de la melodía y no desentonaba.

Hoy, todos quieren emular ese Barça exitoso que brindó espectáculo y continuó la magia de Ronaldinho, en aquel equipo dirigido por Frank Rijkaard, desde el juego de conjunto, con base en una idea, ejecutada a la perfección con todos, incluido Busquets. Pero curiosamente, mientras la mayoría trata de extinguir el “volante de marca”, dándole la responsabilidad a uno, dos o tres jugadores con “buen pie”, que inician la fase de ataque desde atrás, así la recuperación sea por imprecisión del rival o por la presión en zona, el equipo que más ganó en Europa en la última década, como el Real Madrid, su eje central fue un centrocampista de marca como Casemiro, sin olvidar que el juego lo generan futbolistas de la talla de Toni Kroos y/o Luca Modric, quienes cumplen con el requisito actual de jugar bien y tener la visión de juego para lanzar la ofensiva, sino que intentan ayudar en la recuperación de la pelota, así su estatura física no les ayude.

El centrocampista defensivo no puede morir, no todos deben ser buenos, el uso y abuso de la posesión y del salir jugando del que ocupa el espacio del centro del campo, no es más que lo romántico del juego, el ideal absoluto, pero siempre, en todos los aspectos de la vida y del juego, alguien debe hacer el trabajo “sucio” y el “5” es fundamental para mantener el equilibrio, pues no necesariamente jugadores de “buen pie” aseguran más ataque, que para el espectáculo es maravilloso, pero que para el éxito, es una de las tantas facetas del juego que son necesarias combinar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario