miércoles, 10 de febrero de 2021

Concreto

 

#Nencatacota

 

Debo confesar que una de las cosas que más me gusta y al mismo tiempo más detesto de mí es esa maña de estar reflexionando alrededor de todo. 

 

El desayuno, pasar la calle, comprar pulpa de fruta o Coca Cola, todo es susceptible de ser un problema de elección muy serio, o una maricada en la que da igual que escoja; depende a la larga del estado de ánimo con el que amanezca. Le pido de antemano una disculpa a quien lea esta columna y no entienda un carajo; para ser honesto, fue escrita para expresarme y ya. Si se me permite el comparativo tan burdo, es lo más parecido desde mi escritura a una pintura de Pollock.

 

Estoy en un momento de esos en los que puedo afirmar que he tocado pared. Siento que sé para dónde va el mundo, para dónde va la humanidad. Estoy tranquilo con mi vida, realmente me gusta la buena vida que tengo, y sobre todo la consciencia que tengo sobre lo afortunado que soy. En términos generales, nada falta, todo está bien. Aun así, y seguramente producto de un capricho de mis razonamientos, me siento algo raro, vacío, como si hubiera perdido el sentido del gusto o del olfato. Sentir que sé quién soy, porqué estoy aquí, y en general para dónde van las cosas, hace que se pierda la pasión.

 

No me viene sucediendo esto desde hace poco tiempo, hace ya rato que viene pasando. Mi forma de ver la política estaba anclada a una manera de disfrutar la música, el arte, la arquitectura misma. Veía todo como un lógico entrelazado que tenía cohesión; pero no era una cohesión causal, era una cohesión espiritual, un propósito, un porqué más allá de la relación entre el raciocinio y el instinto. Veía un proyecto como humanidad. Con el tiempo, eso se desvaneció y vi con mayor claridad, entendí que no había nada de eso, que lo que yo veía como un “entrelazado”, era una casualidad geográfica e histórica, un entramado de símbolos que eran el resultado de fenómenos y eventos sociales, nada más que eso. Esa primera experiencia fue esclarecedora y me permitió ubicarme de forma consciente sobre el conocimiento que había adquirido, verle una lógica, una causalidad, que resultó ser clara, plana, y que me permitió sentirme un poco más inteligente y dominador de mi entorno, pero al mismo tiempo me generó una profunda sensación de soledad, como si la chica de tus sueños de adolescente de colegio, que ves bellísima, de un día para otro la vez normal; te alegra saber que recuperaste la cordura y puedes hacer una valoración más objetiva de su físico, pero no dejas de extrañar ese momento en que te parecía hermosísima, mágica, te ponías nervioso al hablarle. Ya no pasa eso, antes una sonrisa era un regalo de los dioses, ahora da igual si se empelota en frente o si simplemente desaparece de tu vista; es algo más en el panorama, la magia se ha ido.

 

Esto me ha pasado muchas veces; al principio con ideas, después con conceptos más elaborados. Ahora, con la vida misma, y no es que esté pensando matarme ni mucho menos, me gusta estar vivo, y como buen chismoso que soy, me gusta estar como mi gato, gozando el simple pero gratificante placer de sentarme a ver lo que pasa por enfrente de mi vida.

 

La verdad disfruto muchísimo mi vida, siento que estoy en el mejor momento de ella por muchas cosas que no me interesa detallar, pero debo reconocer que haber clarificado tantas cosas de la vida tan rápido y ver que son muchísimo más sencillas de lo que usualmente las ve la gente, hace que a veces envidie a los hombres de fe, capaces de creer porque sí, porque lo sienten así, porque no hay necesidad de ir más a fondo, de corroborar. Se apoderó de mí el espíritu de la concreción, de lo simple que es el mundo en medio de una aparente complejidad. Creo que voy a seguir mirando el panorama y escribiendo lo que se me ocurra.

 

Esta columna no dice nada, y las siguientes que escriba serán iguales. Escribir es algo que me gusta, y lo hago porque me gusta.

No hay comentarios:

Publicar un comentario