domingo, 30 de mayo de 2021

De las canalladas y otros pandemonios

#Chaquen

¿Qué es ser canalla? Según el Diccionario (Físico) de la Lengua Española de la Real Academia Española 300 años corresponde a “Gente baja, ruin…Personaje despreciable y de malos procederes”. Por supuesto, si estuviéramos en Rosario, Provincia de Santa Fe, en La Argentina, sería “fanático de Rosario Central, del que era hincha el gran Fontanarrosa”. Pero independientemente de la definición futbolera, es claro que la expresión no es nada diferente a lo que pasa en el mundo y que termina definiendo al ser humano en sí mismo.

Lo que ha pasado en muchos países del mundo, donde los gobernantes hacen y deshacen desde hace mucho tiempo ha generado un clima “áspero” y “peligroso”, precisamente porque en plena pandemia, con una crisis económica sin precedentes, toman decisiones, quizás necesarias para una economía y la sociedad, pero olvidando el escenario actual: PANDEMIA.

Aumentar precios del transporte como ocurrió en Santiago antes del encierro total, proponer reformas a los impuestos y al sistema de salud en Colombia, tan necesarios para el futuro, pero tan inoportunos e inconvenientes, en un escenario de cierres, encierros, desesperanza, incertidumbre y lejanía con el proceso de vacunación, termina siendo una canallada, tan grande para todos, que es una invitación a reflexionar sobre el futuro de nuestros pueblos.

Recuerden que el futuro en la tierra depende de nosotros, no es de nadie más y los errores cometidos en el pasado y en el presente nos pasan “factura”, más tarde que temprano, precisamente porque en nuestro andar diario, lleno de preocupaciones en el trabajo, en la familia, en la salud y en lo financiero, nos olvidamos de la importancia de ser buen ciudadano, cumplir con nuestros deberes, antes de exigir nuestros derechos.

A veces la falta de empatía con el otro es la mayor crítica al ciudadano, pero también se nos olvida que el respeto por las decisiones del otro es clave para construir una sociedad amable, próspera, trabajadora y tolerante. El ser “tibio” no es nada diferente a una posición personal, porque los extremos no convencen o porque los dos extremos pueden tener razón en ciertas cosas, pero nadie tiene la certeza de la verdad, pues esa verdad, mi verdad, depende de un montón de cosas, que al final del día, el respeto por esa verdad es lo que debe imperar en una sociedad que quiera avanzar, sin olvidar que el que “no estemos de acuerdo” no significa matarnos o enemistarse. Al contrario, es una oportunidad para construir desde el consenso y el respeto o al menos, una posibilidad para “apostar”, como diría el gran Juan Carlos Gabriel (@jcgabrieldeanda): “Para que pelear si podemos apostar”.

La falta de liderazgo de nuestros gobernantes alrededor del mundo, sumado a la falta de sensatez para la toma de decisiones que beneficien a las personas o que al menos no las perjudique, en el sentido de Pareto (dirían los economistas), nos permite reflexionar sobre qué rumbo debe tomar la sociedad, para asegurar un futuro, de pronto mejor, pero al menos, un poco tranquilo, donde los negocios fluyan, el capital genere conocimiento y el empleo no sea una problema, sino la posibilidad de alcanzar los pocos sueños que nos quedan.

Lo anterior implica salir masivamente a votar en cada elección que exista en nuestro sistema democrático, informándonos, sobre todo: candidatos, propuestas, cosas buenas y malas, entre otras cosas, pues si no se hace el control político necesario seguiremos eligiendo gobernantes que ni hacen ni dejan hacer o lo que es peor, que hacen para favorecer a unos pocos y al resto, “que se los coma el tigre”. Si nos vamos a quejar, que sea porque cumplimos con nuestras obligaciones e hicimos las cosas como “corresponde” para poder exigir, porque el caballito de batalla de siempre relacionado con la corrupción, la politiquería, el tráfico de influencias, etc., se acaba, sencillamente porque en nuestro día a día lo aceptamos y muchas veces, lo hemos utilizado para favorecernos directa o indirectamente.

Elegir bien debe ser el compromiso y si nadie nos convence, el voto en blanco es una solución, costoso pero que sería la verdadera protesta.

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