La ilusión de realidades alternas, la posibilidad de otras vidas y mundos.
Empecemos
con una frase de cajón: “cada loco con su cuento”. Cada uno de nosotros
tiene su escape preferido, para algunos es el deporte, para otros
escribir y/o leer, hasta quizás bailar e irse de fiesta. En estos
tiempos de pandemia muchos quizás, han tenido que “rebajarse” a lo
virtual del entretenimiento. En esta categoría hay bastantes opciones,
sobre todo en el espacio del streaming: Netflix, Disney+, HBO Go, y
cuanto más venga.
En mi caso, aunque disfruto algunas de las
opciones anteriores, en el fondo me parecen algo incompletas. En el
sentido de que soy un elemento pasivo que observa y reacciona a lo
presentado en las imágenes, pero nunca influyo o afecto el desarrollo de
los eventos, es decir, no es un escape interactivo.
Siendo más
extremos, inclusive en tiempos pre-pandemia, para mi el mundo real
ofrece opciones muy limitadas tanto en espectro como en factibilidad. Si
quiero salir y explorar mi ciudad necesito tiempo, estar pendiente del
clima, garantizar que no me voy para una zona peligrosa, la cantidad de
gente y multitudes no me motivan para nada, la posibilidad de perder la
vida o mis posesiones es algo que me genera aversión. Y este argumento
se puede extender o modificar para cualquier otra opción. En el fondo
existen restricciones físicas, monetarias y sociales que impiden el
disfrute del mundo real.
En ese caso ¿qué alternativas tiene
alguien como yo? Quiero algo interactivo, pero no quiero estar sujeto a
restricciones. Si hay más personas presentes quiero tener la opción de
ignorar al que me plazca. Si quiero cambiar de experiencia, es decir,
pasar de explorar a un desafío intelectual o de habilidad, no quiero
tener que moverme. La respuesta es simple: videojuegos.
Cada vez
menos “pordebajiados” (desprestigiados para los que nos estén
familiarizados con la expresión) en la medida que las nuevas
generaciones van envejeciendo y traen consigo la costumbre de
entretenerse con ellos, y sus hijos adoptan las costumbres de sus padres
que a su vez los motivan a jugar. Los números de esta industria son
impresionantes, no tengo el tiempo ni la disposición para hablar de
ellos hoy, quizás en otra ocasión… por ahora pregúntele a Florentino
Perez… jajaja…
Los videojuegos siempre me han gustado, aunque
eso es minimizarlo, sería mejor decir que soy casi adicto, no concibo
otra mejor forma de pasar el tiempo libre para hobbies que jugar. Las
razones son muchas, por una parte, mantengo el cerebro activo, aprendo
cosas nuevas, la coordinación mano-ojo está al máximo. Por otra,
disfruto de las historias porque puedo participar en ellas y soy un
agente activo en el desarrollo de los eventos. Las metas me las pongo yo
y las cumplo cuando se me dé la gana. No estoy sujeto a restricciones
de las leyes de la naturaleza, si quiero viajar de planeta en planeta
pongo No Man’s Sky, si quiero dármelas de ninja espacial pongo Warframe,
si quiero construir una fábrica juego Factorio, si quiero romperme los
dedos oprimiendo teclas imposibles pongo Path of Exile, si quiero
explorar un continente entero sin afanes abro Guild Wars 2, si quiero
relajarme y simplemente disfrutar de vistas increíbles, Journey y Abazú
son buenas opciones.
En fin… tanto por hacer y conocer en el
mundo virtual. Para aquellos que critican con el argumento de que los
videojuegos es un escape para ignorar la realidad, pues les digo que esa
no es una crítica… es un punto a favor de éstos… jajaja… y quizás por
eso llamé a esta columna Delirio… sería bueno si el lector busca el
significado.
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