miércoles, 16 de junio de 2021

La vida es una revancha eterna

#Chaquen

La vida del ser humano es compleja, difícil, llena de tristezas, amarguras, pero también de alegrías y buenas cosas, aunque a veces sean pocas.

Algún profesor en clase de posgrado afirmaba de manera cierta: “el trabajo es malo y por eso nos pagan” y aunque esa es una visión economicista, asociada a la teoría del consumidor y el dilema entre ocio y consumo en una relación de preferencias, al final del día tiene razón: todos quisiéramos no hacer un carajo en el día a día, quisiéramos levantarnos, ir al baño, desayunar, echarnos a dormir, ver tele, volver a comer, ir nuevamente al sanitario, quizás bañarnos, volver a descansar, tomarnos un café o un buen licor, escuchar música, quizás leer y cerrar el día como dice el Gran Combo de Puerto Rico: Y no hago más na’, más na’.

Pero no, la vida no es así, ni siquiera para un jubilado o pensionado, que lamentablemente vive de cita en cita en un centro de salud, haciendo fila para todo, hasta para cobrar su mesada, lleno de achaques y añorando la juventud, divino tesoro, a veces malogrado porque nos dedicamos a esperar que pasen los días sin subirnos al tren de la vida.

Lo paradójico es que mientras miramos que se nos pasa la vida, los deportistas nos demuestran que el trabajo dignifica y todo el esfuerzo que se haga para conseguir algo, es más que necesario y una muestra de que “ESTAMOS VIVOS”, en el sentido literario.

Ver a los ciclistas levantarse a las 4 am y salir en su caballito de acero a rodar 5 o 6 horas, como parte de su entrenamiento, estén o no compitiendo, así como los atletas entrenado al más alto rendimiento, sin hablar de los nadadores que “comen y chupan” agua en una piscina o en ríos como parte de su rutina, no es nada diferente a lo que todos los que laburamos hacemos en el día a día: levantarnos temprano, ducharnos, vestirnos y sentarnos frente a algo (una pantalla, un mostrador, un carro, una calle, unos estudiantes, un jefe o un cliente en una reunión) a trabajar, pocas horas o muchas, pero al final, consiguiendo el sustento diario.

Por supuesto, algunos días sentimos la fatiga del día a día, con ganas de querer “mandar todo a la mierda”, con la satisfacción del deber cumplido, con la alegría de un pequeño triunfo o la rabia con una batalla perdida, pero al frente del cañón, como debe ser, quizás no buscando o persiguiendo un sueño como los deportistas de una medalla, un título o dar todo para ganar, así no se logre el objetivo trazado, pero si con la tranquilidad de hacer lo que corresponde, con responsabilidad, la honestidad y el respeto necesario para demostrarnos que podemos, que ser mejor es un tema de convencimiento, de actitud y no de aptitud, de escuchar para aprender y de hablar para proponer y convencer, proponer cambios, soluciones o al menos, desde la lucha diaria, inspirar a otros para que también lo hagan.

La vida es una revancha diaria, a veces las cosas salen como queremos y en otras ocasiones, fracasamos, pero nos levantamos para intentar esas pequeñas victorias. La vida no es fácil, pero tampoco puede ser una tortura diaria, llena de desesperanza y echándole la culpa a todos: familia, amigos, empleo, Estado, vecinos, pues la misma complejidad del ser humano hace que busquemos la explicación a todo y resulta, que no todo tiene explicaciones y, a veces, la tan anhelada búsqueda de la verdad termina siendo una utopía, porque siempre hay tres verdades: la mía, la de los demás y la real, invisible para todos, pero que se manifiesta con los años.

El fracaso en la vida siempre es una oportunidad para levantarnos y volver a intentarlo, para vivir y sentir, para anhelar y soñar, para volar y aterrizar, porque al final del día, nadie nos quita lo vivido y lo no vivido, pues no vivir también es una decisión propia, no opinar y llamarse al silencio es válido, las burbujas creadas por esfuerzo y sacrificio deben ser tan respetadas como las realidades de los inconformes, no todo es como la mayoría desea, es como uno considera que debe ser.

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