jueves, 24 de junio de 2021

Silencio

#Chaquen

Silent es un cómic publicado sobre Batman, sus aliados y sus enemigos, que algunos consideran uno de los mejores, pero el título de este escrito no se va a concentrar en hablar de comics, caricaturas y otras especies, dado que no soy experto y en el blog hay un experto, pues sólo tengo una mínima afición por el superhéroe de Gótica.

Pero la palabra en sí expresa gran parte de lo que muchas personas hemos hecho desde que las protestas, las marchas y la polarización política y social que vive Colombia desde hace varios años -quizás muchos-, ocupan las redes sociales, los noticieros de radio y TV, los programas de opinión y debate, los periódicos y revistas, los podcasts y demás contenidos multimedia tenemos a nuestro alcance.

El silencio es el sabio consejero, precisamente porque nos permite reflexionar, pensar en situaciones diferentes, quizás complejas o superfluas, hace que el cerebro busque un camino, no en con el frenesí del día a día, sino con el sosiego de la madurez, de la tranquilidad, de la comodidad que da una infusión aromática o un buen café, una música suave o el cantar de los pájaros, el sonido de la ciudad, de la selva de cemento en la que vivimos o la paz de las montañas, el paisaje que nos brinda la naturaleza.

Pero precisamente ese silencio a veces termina siendo cómplice de las malas interpretaciones de lo que pasa, de los hoy famosos “fake” que proliferan en la calle, en la cloaca de las redes, pues cada quien debe contar el cuento como le parece, como lo ha vivido, desde su experiencia, sin olvidar que también callarse es una decisión personal, respetable y comprensible, desde todo punto de vista.

La situación de los países latinoamericanos siempre ha sido la misma: trabajo, trabajo y trabajo, pero también corrupción, conflicto, malos gobiernos, falta de oportunidades, cansancio, círculos viciosos, desasosiego, ansiedad por el cambio, pero sin que me toque a mí.

La dicotomía es precisamente que hablamos de solidaridad, empatía, arraigo, pero se nos olvida que todos tenemos intereses propios que riñan con los de los demás, sin respetar el pensamiento del otro y su actuar, pues al final del día, cada quién se la rebusca para sobrevivir y ayuda a quien le es afín, a su familia, a sus amigos, al que le cae bien y ya.

Es tan difícil entender que la opinión de cada quién es tan personal, que nadie está en derecho en cuestionar y todos tienen el deber de respetarla, así no estén de acuerdo o piensen diferente. Y precisamente, la falta de empatía giró en torno a no respetar a los demás y sus posiciones políticas, pues cada quién cuenta el cuento como le convenga o como le haya ido.

Si el capitalismo le funciona a uno, no puede renegar de él, es simple desde la coherencia que debe tener el ser humano; lo mismo que el socialismo, si a alguien le funcionó nunca va a renegar de sus beneficios, pero se nos olvida en que la vida, es más importante el consenso, el respetar las leyes, justas o injustas, creadas en el marco de la democracia, la solidaridad es un tema de conveniencia y cada quien decide si apela a ella o se aleja, pues el vivir en sociedad no significa que todo debe ser “juntos”, a veces la competencia es necesario, en el marco del respeto, la soledad es parecida al silencio, sólo que vilipendiada por el eufemismo de que “estar acompañado siempre es mejor”.

Lo triste es que creamos en falsos profetas, que van a solucionar los problemas y que van a cambiar la situación actual de un momento a otro, que todo caerá del cielo de la política, como el maná del texto religioso, que el Estado deber ser cómo deseamos, olvidando que todos somos el Estado, que el cambio está en nosotros, que todos somos diferentes pero que para poder vivir debemos convivir con esas diferencias, que el respeto no es callar sino aceptar que todos tenemos derechos y deberes en una sociedad y que la libertad, mi libertad, termina donde empieza la libertad del otro.

No hay comentarios:

Publicar un comentario