#Nencataoca
Me demoré pensando qué título colocarle a este escrito. En lugar de llegar a nombres interesantes, se apoderó de mí un minimalismo extremo (esperemos que no me pase muy a menudo).
Pensé en esos escritos que tienen títulos como “¡El camino de la salvación y la felicidad!” y hablan de una iglesia, o los de “¡Obtén tu independencia financiera!” y resultan hablar de algún modelo piramidal. Estos ejemplos tienen dos cosas en común: su contenido no tiene coherencia con su título y su objetivo es atraer incautos. Mi intención es contraria a esto, me interesa que el título indique de qué se va a hablar y no deseo atraer incautos. Así que, el título de este escrito guarda profunda relación con su contenido. Este escrito está dedicado a explicar por qué me gusta el Chef Table.
Chef Table es un documental de Netflix que se compone por varios capítulos, todos ellos sobre cocineros de renombre. Es de esos productos audiovisuales que no admite puntos medios, las personas pueden amar o detestar, y me gusta por dos motivos, uno general y uno introspectivo. Sobre el general, me gusta porque me encanta la cocina, que para mí es una forma de arte, es cultura, es expresión humana. La cocina narra una historia, habla sobre la geografía, sobre la economía, como buena expresión artística, escupe la idea de un momento de la humanidad (a veces de forma entendible y a veces de forma confusa). Los ingredientes, la forma en que se combinan, las ocasiones en las cuales se sirve, la persona que prepara el plato. Todo está regido por circunstancias y patrones. Si no me cree, piense en invitar a la mujer que le gusta a almorzar tajada con garbanzo en la primera cita y entenderá a qué me refiero por “patrones”, y si usted es lo suficientemente sociópata como para invitar a la dama a almorzar tajada con garbanzo la primera cita, respetuosamente le recomiendo revisar sus “patrones” si desea gozar más seguido de la compañía femenina.
En el programa muestran diferentes paisajes, historias interesantes, platos deliciosos, propios de ciertas regiones, preparaciones inéditas. En fin, es un viaje gastronómico a través del televisor, y con ello basta para que me encante.
El segundo motivo, el introspectivo, tiene que ver con la forma y el sentido con el que construyen las historias. Como todo producto televisivo, las luces, la musicalización, los cuadros en cámara lenta, absolutamente todo, tiene una pretensión frente a lo que se quiere decir con la historia, y debo confesar que la pretensión de Chef Table me ha encantado.
A lo largo de los capítulos se ve de todo, desde el chef que heredó la tradición de su padre, pasando por el que es adinerado y fue a las mejores escuelas de gastronomía, hasta el que tuvo que luchar contra viento y marea para ser cocinero o el que aprendió el oficio porque no había más y por el camino le fue cogiendo el tiro. Todos, absolutamente todos, tienen de fondo un mensaje hermoso a mi modo de ver, y es que la vida, vista a través de un oficio, puede ser una reverenda mierda o un milagro, dependiendo de cómo uno la recibe, y, en todos los casos, el factor común es hacer de su oficio un arte. El arte, no visto como una cosa concreta y tangible, sino como una actitud frente a un oficio; es un método, una constante práctica, una pasión, una intención de perfeccionamiento a través de la práctica, un camino de constante mejora el cual, a través de la práctica llega al perfeccionamiento, y con ello viene el siguiente nivel, la creatividad. Por creatividad me refiero a esa capacidad de hacer las cosas diferentes, a partir de un gran conocimiento de lo existente, esa capacidad de rediseño que solo posee un maestro, sea cual sea el contexto.
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